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Capítulo 1457:
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«Todo está en orden. Pueden proceder». Tras confirmar los últimos detalles, la enfermera exhaló un largo suspiro y se hizo a un lado, despejando el paso.
Antes de marcharse, Grayson volvió a hablar, con un tono tranquilo pero decidido. «Por cierto, alguien ha demostrado un valor extraordinario aquí esta noche. Ha protegido a mi jefe». Su mirada se desvió hacia Cade y luego hacia el quirófano, con un leve destello de admiración en los ojos.
Metió la mano en el bolsillo de su traje y sacó una tarjeta de visita con relieve dorado, cuyos bordes reflejaban la luz del techo. Se la entregó a la enfermera y dijo con voz tranquila: «Nos haremos cargo de todos sus gastos médicos. Este es mi número personal. Por favor, déselo a él o a su familia. Si necesitan algo, pueden ponerse en contacto conmigo directamente».
Era una compensación, cuidadosamente envuelta en discreción. Y silencio.
Una vez pronunciadas las palabras, Grayson no se demoró. Con un breve gesto, el grupo comenzó a moverse. Chris, sentado en la silla de ruedas, fue guiado hacia adelante mientras el séquito cerraba filas a su alrededor, formando un círculo protector. Avanzaron por el pasillo en una procesión constante, con miradas curiosas siguiéndoles la estela.
«¿Quién era ese hombre? Parecía importante».
«¿Has visto a la gente que ha entrado corriendo? ¿Quién podría ser? ¿Algún multimillonario oculto?».
«Qué pena que estuviera tan gravemente herido. Tenía la cabeza completamente vendada, ni siquiera se le veía la cara».
Los murmullos se extendieron por el pasillo, y las especulaciones se multiplicaban con cada intercambio susurrado.
Cade los vio desaparecer de su vista, con preguntas acumulándose en su mente sin respuestas que las anclaran.
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Momentos después, la enfermera que había hablado con Grayson regresó apresurada y deslizó la tarjeta de visita en la mano de Cade. —Señor, usted estaba con el soldado que entró antes, ¿verdad? Guarde esto, puede que le sea útil. —No esperó una respuesta. El servicio de urgencias ya la estaba llamando.
Cade bajó la mirada hacia la tarjeta. La textura era firme, refinada, de calidad discreta. En ella había estampado un nombre en letras doradas: Granger Sparrow.
El nombre le resultaba vagamente familiar, como si lo hubiera oído mencionar en alguna parte. ¿No era él un conocido magnate del petróleo? ¿El director de un conglomerado multinacional?
Cade sacó su teléfono y escribió el nombre en la barra de búsqueda. En cuanto aparecieron los resultados, abrió mucho los ojos. Realmente era él, un magnate energético de renombre mundial con una fortuna de miles de millones. Que alguien de esa talla mostrara tanta cortesía hacia el hombre en silla de ruedas planteaba una pregunta inevitable: ¿quién era exactamente ese paciente?
Cade se guardó la tarjeta en el bolsillo, decidido a dársela a Dominic más tarde. El soldado herido necesitaría una larga recuperación y una indemnización, y esa responsabilidad no podía recaer solo sobre él. Solo podía esperar que el hombre se recuperara.
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