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Capítulo 1397:
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«Sí, Dr. Walsh», respondió el equipo médico al unísono.
Maia levantó la cabeza, con los ojos ya enrojecidos. Una oleada de gratitud le invadió el pecho, pero se obligó a reprimirla.
Entendía perfectamente lo que eso significaba. Ningún cirujano arriesgaría voluntariamente su carrera en una extracción de un cuerpo extraño del cerebro. Ni siquiera los mejores neurocirujanos podían prometer más que dar lo mejor de sí mismos, nunca un éxito absoluto.
Los fragmentos de metal alojados en el cráneo de Chris se encontraban en una posición traicionera. Un milímetro de desviación podría dañar la corteza temporal y causar daños irreparables.
Y si la cirugía fallaba, el cirujano principal asumiría toda la culpa, lo que significaría el fin de su carrera.
Sin embargo, Carsen, el cirujano prodigio, la leyenda del mundo médico, se había ofrecido sin dudarlo.
Con él allí, las posibilidades de supervivencia de Chris aumentaban drásticamente.
Maia sintió una fuerza tranquila y constante apoderarse de su corazón. Aunque le había costado darse cuenta, ahora lo entendía.
Sabía la verdad sobre sus habilidades.
A pesar de todo su entrenamiento, seguía estando muy por detrás de Carsen en experiencia, precisión y técnica decisiva.
«Dr. Walsh…». Su voz temblaba, sus emociones se agitaban como una tormenta. Tenía innumerables cosas que decir. Pero al final, solo le salieron dos palabras.
«Gracias».
Carsen no la miró. Estaba inspeccionando los instrumentos, con los tendones de la mano tensos y una expresión fría y serena.
«Solo estoy aquí para guiarte», dijo con voz tranquila, como si estuviera reprimiendo algo en su pecho. Le recordó, con firmeza y serenidad: «Tú eres la que sostiene el bisturí».
Solo entonces la miró. «Si tienes que dar las gracias a alguien, agradécetelo a ti misma».
Maia se quedó paralizada por un momento.
Carsen continuó: «Tu determinación por salvar una vida es lo que me convenció a mí y a todos los demás en esta sala».
Exhaló lentamente. «Muy bien. Basta de charla. Empecemos antes de que me lo replantee».
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El personal intercambió miradas sutiles. Todos conocían a Carsen: palabras bruscas, corazón blando. Podía parecer seco, incluso desdeñoso, pero sus acciones nunca se correspondían con la dureza de su tono.
Desde que supo por qué Maia había decidido dedicarse a la cirugía, había llevado en silencio el peso por ella.
En su oficina, a altas horas de la noche, en salas de reuniones iluminadas por fuertes lámparas fluorescentes, había revisado el caso de Chris una y otra vez.
Había mantenido pequeñas conversaciones privadas repetidamente, sin quejarse nunca, sin pedir reconocimiento.
¿En cuanto a su reputación, su carrera, su prestigio en el mundo de la medicina? Nunca había sido de los que se preocupaban por eso.
Carsen había dicho una vez: «Estudié medicina para salvar vidas, no para presumir».
Esta noche, sus acciones demostraban que cada palabra era cierta.
«Concéntrate». La voz de Carsen resonó en el aire como el hielo.
La tensión se apoderó instantáneamente de toda la sala.
«Haz la incisión».
«Sí, Dr. Walsh».
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