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Capítulo 1388:
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La sangre se mezclaba con el champán derramado, y los fragmentos de cristal brillaban bajo las luces intensas.
Raegan retrocedió tambaleándose y se arrancó la máscara con dedos temblorosos. Su rostro se quedó sin color, dejándola con la palidez de un fantasma.
La confusión y el terror se disputaban en sus ojos muy abiertos mientras veía aparecer a los Cuatro Jinetes al mismo tiempo.
Luchó por comprender, con una voz que apenas era un susurro. «¿Por qué estáis… aquí?».
Grayson levantó la cabeza y su mirada atravesó el aire como el hielo. «Necia. Has permitido que nuestros miembros se mataran entre sí. Si Plaga y Hambre no se hubieran infiltrado antes y hubieran adulterado las bebidas, ¿sabes cuántos habrían muerto?».
Cada palabra la golpeaba como un golpe físico. Sus rodillas se debilitaron y se tambaleó, con la respiración superficial y desigual.
Pero lo peor le esperaba. Los guardias de delante se movieron, separándose como una cortina oscura.
Allí, arrodillados ante Chris, estaban Plaga y Hambre. Su postura no denotaba arrogancia, solo una devoción alarmada. Sus ojos se posaron en Chris con algo sorprendente bajo la superficie: miedo… y reverencia.
Raegan contuvo el aliento bruscamente. Sus pupilas se contrajeron y un escalofrío le recorrió la espalda.
El pánico se apoderó de su garganta.
Su voz se quebró cuando señaló al hombre inmóvil que yacía en los brazos de Maia. —¿Quién… quién demonios es él?
Nadie respondió. El silencio se convirtió en un juicio, pesado y sofocante.
Su pregunta se desvaneció, engullida por la espesa y gélida quietud.
Raegan retrocedió tambaleándose, temblando de pies a cabeza. El pánico le vació los ojos y cada respiración era débil y entrecortada.
Al momento siguiente, justo al lado de Raegan, Grayson se abalanzó de repente hacia delante.
Cada movimiento que hacía era preciso y controlado, sin ningún atisbo de exceso. Su brazo cortó el aire con precisión letal. Un golpe seco aterrizó directamente en la arteria carótida de Raegan. La fuerza detrás de él estaba perfectamente calculada: ni brutal, ni suave, solo lo suficiente para dejarla inconsciente.
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Las pupilas de Raegan se encogieron, sus ojos se voltearon y se derrumbó como una marioneta cuyas cuerdas se habían roto. Sus piernas se doblaron debajo de ella, dejándola caer al suelo.
El pánico grabado en su rostro permaneció congelado allí, la última expresión que logró mostrar antes de perder el conocimiento. El golpe de Grayson fue quirúrgico: limpio, rápido, sin dejarle ninguna posibilidad de reaccionar.
Detrás de Maia, a través del estruendo de las hélices del helicóptero, se oyeron pasos urgentes y gritos. «¡Moveos! ¡Deprisa!».
Un equipo táctico entró corriendo con una camilla, abriéndose paso entre el humo y el caos con una eficiencia entrenada.
La colocaron junto a Chris.
Maia prácticamente lo recogió en sus brazos mientras ayudaba a subirlo a la camilla.
Chris seguía sin responder, con el rostro pálido y la sangre brotándole continuamente.
Las manos de Maia estaban manchadas de rojo. Sentía como si le estuvieran retorciendo el corazón.
Mientras el equipo se preparaba para retirarse, una figura tambaleante emergió de la multitud en pánico.
Maxwell. Finalmente había llegado al lugar.
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