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Capítulo 1372:
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«¡Tú! ¡Suéltame!», gritó Silas, con pánico en su voz por primera vez.
Pero Alice no lo escuchó. Estaba consumida por la necesidad de defender a Maia, con la ira corriendo por sus venas.
De ninguna manera permitiría que alguien mancillara el nombre de su mentor.
En esa fracción de segundo, con una bala a punto de atravesar su cuerpo, Silas abandonó por fin la pulida máscara de actor galardonado que había estado llevando.
Dejó escapar un rugido furioso, crudo y animal. «¡Quítate de en medio!».
Pero, de inmediato, un chasquido agudo resonó en el salón. Todas las luces del salón de banquetes se apagaron a la vez, sumiendo toda la sala en la oscuridad.
La adrenalina recorrió el cuerpo de Silas mientras su corazón latía con fuerza. Reuniendo todas sus fuerzas, se liberó del agarre de Alice y se tiró al suelo.
Era como si pegarse al suelo pudiera protegerlo de la bala que apuntaba directamente a su pecho.
Sin embargo, el disparo esperado nunca llegó.
La muerte no llegó.
En cambio, Silas podía oír a Maia y a sus compañeros hablando tranquilamente cerca.
No había gritos, ni caos, ni disturbios inusuales, solo el suave murmullo de una conversación normal.
Y allí yacía él, temblando incontrolablemente, clavado al suelo como un animal asustado.
En cuestión de segundos, las luces volvieron a encenderse.
El salón de banquetes se iluminó de nuevo como si nada hubiera pasado, y los invitados no mostraron ningún signo de alarma por el breve apagón.
Bajo la luz repentina, era imposible pasar por alto la ridícula postura de Silas.
El famoso actor estaba ahora arrodillado en el suelo, con el trasero levantado y la cabeza escondida entre los brazos, como un ciervo atrapado por los faros de un coche.
Durante medio segundo, la sala quedó en silencio.
Luego estallaron las risas.
Los invitados casi derraman su champán mientras la diversión se extendía como la pólvora.
«¿Este es el actor galardonado? ¿Le da tanto miedo la oscuridad?».
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«Esa pose no tiene precio».
«Oh, no, ya puedo ver cómo se vuelve viral en forma de GIF».
«Se acabó. Su imagen está arruinada. No puedo seguir siendo fan suyo».
Las risas y los comentarios se abalanzaron sobre Silas. El calor le subió a las orejas, se le quedó la cara pálida y se quedó paralizado.
¿Qué había pasado?
¿Dónde estaba el francotirador? ¿No se suponía que el apagón era la señal?
El plan era impecable, la posición perfecta, el momento preciso.
Sin embargo, todo se había visto truncado por alguna fuerza invisible.
Silas miró a su alrededor, mortificado, y luchó por salvar la situación.
Solo pudo fingir una «simple caída» mientras se ponía lentamente de pie, esbozando una sonrisa rígida y falsa.
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