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Capítulo 1326:
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Habló con ligereza, aunque en secreto le gustaba bastante la idea. Si Maia se convirtiera en la madrastra de Melanie, entonces Melanie y Ethan verían extinguirse cualquier posibilidad de futuro. Sin embargo, solo de pensarlo, las mejillas de Marisa se sonrojaron inesperadamente.
«No me importa en absoluto. Al fin y al cabo, no sería mi verdadero tío. No rompería nuestra amistad», se rió Melanie. «Además, puede que a Ethan le guste más que nos unamos más».
Marisa resopló y se dio la vuelta, sellando sus labios. Sin embargo, sus ojos se desviaban hacia Ethan periódicamente.
Desde que Maia se marchó con Chris, Ethan parecía completamente desanimado, encorvado e inmóvil en su asiento. Nadie podía discernir el curso de sus pensamientos, pero su expresión transmitía claramente una profunda inquietud.
Al instante siguiente, Ethan se puso de pie de un salto y salió corriendo sin decir una sola palabra.
Mientras tanto, en un pabellón apartado de la multitud, Maia estaba de pie con los puños sutilmente apretados, los nervios tensos, mientras se encontraba con la intensa mirada de Chris, que la observaba fijamente.
Maia nunca había sentido un nerviosismo tan profundo. Ni cuando se enfrentaba a un adversario difícil en el ring de boxeo clandestino, ni cuando esquivaba las calumnias públicas y las preguntas agresivas en el escenario.
Sin embargo, de pie ante Chris, el hombre que había reavivado su capacidad de amar, temblaba con una ansiedad silenciosa y consumidora. Su corazón latía con fuerza contra sus costillas en un ritmo frenético y creciente.
Chris echó una última mirada alrededor del recóndito pabellón, asegurándose de que estaban completamente a salvo antes de fijar la vista en los claros ojos de Maia. Bajó la voz. —He escaneado el perímetro. Estamos solos. Podemos hablar libremente.
La luz de la luna bañaba a Maia con un resplandor suave y etéreo, que le confería un aura luminosa y romántica.
Chris se quedó hipnotizado, sintiendo un repentino y poderoso impulso de atraerla hacia él y abrazarla.
Maia levantó la barbilla, encontrando la mirada profunda e inquisitiva de Chris, y su voz emergió como un murmullo vacilante. «Chris, no era mi intención ocultarte nada. Es solo que esos múltiples roles y personalidades secretas…».
«Lo entiendo». Chris acortó la distancia entre ellos con un solo y rápido paso, envolviendo a Maia en un fuerte abrazo. «Todo el mundo tiene secretos, ¿no?
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Además, si Kiley hubiera descubierto antes tus títulos ocultos, las cosas quizá no se habrían deteriorado tanto».
En ese momento, un poderoso impulso empujó a Chris a confesar. «Maia, hay cosas que yo tampoco te he contado… No solo mis títulos ocultos, sino la instantánea y abrumadora atracción que sentí por ti. De hecho, nos conocimos hace años».
Sin embargo, la importancia del momento y la inminente gala benéfica lo coartaron. Chris optó por el silencio, tragándose las palabras urgentes.
Maia se sumergió en el calor que irradiaba su pecho, sintiendo el ritmo constante y fuerte de los latidos de su corazón bajo su mejilla. Una duda repentina le punzó la conciencia, pero se atrevió a preguntar, con la voz apagada contra su camisa: «¿De verdad no estás enfadado?».
Chris negó con la cabeza y le posó suavemente la mano en la espalda.
Mientras sus palabras se desvanecían, la mirada de Chris escrutaba su expresión, esperando su reacción con una tensión palpable.
Había hablado en parte para validar la cautela de Maia —una defensa compartida, dados sus propios engaños— y en parte para sentar las bases de su inevitable confesión.
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