Resurgiendo de las cenizas. - Capítulo 1252
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Capítulo 1252:
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Una vez que todos se acomodaron, su disposición parecía casi deliberada: una barrera protectora que no dejaba espacio para que nadie más se acercara a Maia.
La expresión de Silas se endureció, y la incredulidad se convirtió en una creciente frustración. ¿Cómo era posible que todo se estuviera volviendo en su contra esa noche?
La irritación bullía bajo su apariencia serena, pero discutir con tres adolescentes por los asientos solo le haría parecer mezquino, peor aún que su casi discusión anterior con una mujer.
Respirando con calma, se tragó su irritación y volvió a su asiento original. Desde allí, Maia estaba completamente fuera de su alcance y, por ahora, su misión tendría que esperar.
Cuanto más tiempo permanecía sentado, más crecía su irritación, y un rastro de resentimiento hacia Raegan comenzó a echar raíces.
Normalmente, en eventos de esta magnitud los asientos estaban asignados, con los nombres ordenados cuidadosamente para evitar que se produjeran situaciones como esta.
Pero esta vez, los organizadores habían anunciado una distribución de asientos libre, un supuesto gesto de equidad que permitía a los invitados sentarse donde quisieran.
Sin embargo, detrás de esa decisión estaba la discreta influencia de Hurst. Decidido a evitar cualquier apariencia de favoritismo, había moldeado discretamente la disposición desde detrás del telón.
Su plan era sencillo: llegar en el momento adecuado y sentarse junto a Maia. Por desgracia, el destino tenía otros planes, y su cuidadosa estrategia se desmoronó antes incluso de empezar.
Quien realmente alteró el curso de los acontecimientos no fue Hurst, sino Kiley. Ella había descartado deliberadamente el plano de distribución de los asientos que asignaba a los invitados lugares específicos, aunque nadie podía discernir sus verdaderas intenciones.
Al mismo tiempo, la atención se desvió naturalmente hacia Maia. Había un deseo tácito entre los invitados de acercarse a ella, pero la creciente multitud dificultaba que alguien diera el primer paso.
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Poco después, Rosanna apareció cerca del frente. Ver a Maia rodeada de tanta atención le provocó una leve punzada de envidia en el pecho.
Aun así, la curiosidad pudo más. Había venido para presenciar la tensión por sí misma, y las primeras filas eran exactamente donde quería estar.
Solo quedaba un asiento libre cerca de Maia: un lugar solitario en el extremo izquierdo de la segunda fila.
Tomando una rápida decisión, Rosanna se deslizó hacia allí y ocupó la silla vacía. Sentado a su lado no era otro que Silas.
Silas le dirigió una breve mirada cansada, con la paciencia ya agotada. Sin decir palabra, apartó la cara, sin ganas de entablar otra interacción no deseada.
Rosanna lo observó por un instante, reconociendo a la famosa estrella adorada por innumerables fans. Se guardó sus pensamientos para sí misma, prefiriendo el silencio a la charla trivial, y silenciosamente buscó su teléfono.
Bajando la mirada, se desplazó por sus contactos, con una expresión cuidadosamente enmascarada. Su pulgar se detuvo cuando un nombre familiar apareció en la pantalla: Austen.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que Rosanna había oído su voz o visto su nombre iluminarse en su teléfono.
Mientras Maia disfrutaba de la calidez de la alegre compañía, Rosanna se sentó en medio de la multitud con un silencioso dolor que le oprimía el pecho. Su pulgar se cernió sobre el cristal, atrapado entre el orgullo y la nostalgia.
Una repentina ola de nostalgia la invadió, trayendo a la superficie pensamientos sobre Austen. Anhelaba el consuelo de sus palabras, la calma de su presencia.
Sin pensarlo más, comenzó a escribir, cada palabra cargada de nostalgia.
«Austen, ¿cuándo volverás?».
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