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Capítulo 1076:
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En el pasillo, se apoyó contra una columna de mármol, con la mirada inquieta, como si buscara claridad. Sacó un cigarrillo del bolsillo de su chaqueta, lo encendió y aspiró profundamente antes de soltar una lenta voluta de humo.
Aunque la expresión sensual de Rosanna permanecía en los pensamientos de Austen, la expresión de su rostro delataba más cansancio que deseo. Sacudió ligeramente la cabeza y murmuró entre dientes: «Será mejor que me controle».
En ese momento, el mayordomo irrumpió en escena, pálido y tembloroso, y dijo: «Señor Nelson, ha ocurrido un grave incidente…».
Austen frunció el ceño con irritación y una sombra de enfado cruzó su rostro. «¿Por qué corre como si hubiera perdido la cabeza?».
Ver a su mayordomo, normalmente tan sereno, tan alterado era algo inusual, pero mantuvo la calma y siguió adelante. «Solo dime qué ha pasado».
El mayordomo luchaba por recuperar el aliento, con la voz temblorosa por el miedo. —Enfrente… en la puerta principal… hay un cadáver. Tiene que venir, señor Nelson. Ahora mismo.
Al oír esas palabras, Austen palideció al instante. Sin pensarlo dos veces, se apresuró hacia la entrada.
Apenas había cruzado el umbral del jardín delantero cuando se encontró con la impactante imagen: un cuerpo tendido boca arriba, iluminado por la tenue luz de la farola. Los rasgos retorcidos le resultaban demasiado familiares. Era Tyrant.
Austen se sintió conmocionado y dio unos pasos hacia atrás. Se volvió hacia el mayordomo y le dio unas órdenes rápidas. «No te quedes ahí parado. Llama a la policía. Y asegúrate de que todo el mundo sepa que ahora mismo no estoy en Wront».
El mayordomo, atónito por la reacción de Austen, no dudó ni un momento más. Era la primera vez que veía a Austen tan conmocionado. Estaba claro que este lío era más complicado que cualquier otro al que se hubieran enfrentado antes.
Por dentro, Austen sentía que perdía la compostura, el peso de la situación le helaba las manos. Sin embargo, no era el miedo lo que lo atenazaba.
Lo que le helaba los huesos era darse cuenta de que alguien había descubierto su secreto. Sabían que dirigía el ring de boxeo clandestino, que él era su verdadero jefe.
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Quienquiera que hubiera sido, no solo era capaz de acabar con Tyrant, sino que además había tenido el descaro de dejar el cadáver en su puerta como mensaje.
La mente de Austen se aceleró. «¿Quién podría ser?». Respiró temblorosamente, su calma se había hecho añicos por primera vez en años.
Había trabajado duro para mantener oculta su identidad. Ni siquiera Tyrant, su leal subordinado, había visto nunca su verdadero rostro.
La única excepción era Raegan… pero confiaba plenamente en ella. Ella nunca lo traicionaría.
Eso significaba que alguien más había descubierto la verdad.
Le vino un recuerdo a la mente. Raegan le había advertido una vez que Maia era mucho más compleja de lo que aparentaba. Probablemente, Maia contaba con un respaldo poderoso. Su organización podría incluso rivalizar con The Mask, si no superarla.
Frustrado, Austen apagó su cigarrillo y maldijo entre dientes. Un nudo de ansiedad se retorcía en su interior. Vio el cadáver por lo que era: no una amenaza, sino un desafío directo.
Quizás nunca debería haberse cruzado en el camino de Maia. Aun así, si tuviera otra oportunidad, sabía que tomaría la misma decisión, especialmente por el bien de Raegan. Al final, Austen solo podía culparse a sí mismo por haberlo manejado todo mal.
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