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Capítulo 97:
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«Maren, ¿has considerado mi oferta?», preguntó Alberto, ansioso por conocer su decisión.
El silencio en el aula era tan profundo que se habría podido oír el ruido de un alfiler al caer. Todas las miradas estaban fijas en Maren, con evidente envidia en sus ojos.
Una oferta de tal magnitud era como ganar la lotería.
Solo tenía que decir una palabra y las puertas del éxito se abrirían de par en par.
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Nadia apretó la mandíbula con tanta fuerza que temió que se le rompieran los dientes.
Sin embargo, la respuesta de Maren dejó a toda la clase sin palabras.
Maren respondió: «Lo siento, no me interesa».
¿No le interesaba?
«¿Podrías repetir eso?», preguntó Alberto, sin estar seguro de haber oído bien.
Muchos competirían ferozmente por un puesto en el ejército estatal.
Además, se trataba de una invitación directa de Alberto.
Los compañeros de clase miraron a Maren como si estuviera cometiendo un gran error. ¿No veía el valor que tenía?
Nadia estaba convencida de que Maren entendía perfectamente las implicaciones. Pensó que Maren solo estaba retrasando la decisión para obtener ventajas adicionales. Pensó que Maren era absolutamente desvergonzada.
«Maren, por favor, piénsalo bien. Si te desempeñas bien en el ejército estatal, podría recomendarte para las fuerzas nacionales de élite», insistió Alberto, decidido a no perder tal oportunidad.
¿Las fuerzas nacionales de élite?
Los ojos de los estudiantes casi se les salían de las órbitas, de tan envidiosos que estaban.
Si alguien de Bairnsa ascendía a tales alturas, incluso el alcalde tendría que mostrarle respeto.
Un nivel de autoridad militar así no era, desde luego, un asunto trivial.
—¡Maren! —exclamó Nadia con furia, casi abrumada por la ira. Estaba desesperada por revelar a Alberto las tácticas de Maren como meras estratagemas para obtener más beneficios. Sin embargo, era consciente de que Alberto podría desestimar sus afirmaciones.
¿Cómo había podido estar tan ciega como para no darse cuenta de lo astuta que era Maren en realidad? A lo largo de todas las evaluaciones, desde el combate inicial en el campo hasta el presente, Maren había eclipsado constantemente a todos los demás.
Si Nadia hubiera recibido una oferta así de Alberto, no habría dudado. Estaba segura de que Maren estaba jugando a largo plazo y que acabaría aceptando.
Creía que la estrategia de Maren podría estar funcionando.
Sin embargo, mientras estos pensamientos cruzaban la mente de Nadia, Maren dijo con compostura: «Agradezco la oferta, pero tengo otras aspiraciones. La carrera militar no es para mí».
«¿No te interesa el ejército?», preguntó Alberto sorprendido. «Entonces, ¿por qué decidiste unirte a una academia militar?».
¿No era el objetivo final de todos los estudiantes aquí seguir una carrera militar?
Maren reveló la apuesta que había hecho con su padre.
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