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Capítulo 909:
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Después de todo, ni la familia Williams ni el equipo de Bruce estaban a un nivel con el que ella pudiera competir como simple cadete.
Lo único que podía hacer era correr para salvar su vida.
Sin embargo, la suerte estuvo de su lado ese día. Carl llegó con refuerzos justo cuando las cosas parecían ir peor.
«¡Ayúdame, Carl! ¡Tienes que ayudarme!», gritó Nadia con voz desesperada y cruda al verlo entre el caos. En el instante en que reconoció el rostro de Carl, una pequeña sensación de esperanza se encendió en su interior.
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«¡Por ahí!». Carl no perdió tiempo. Hizo un gesto a sus hombres para que lo siguieran y se abrió paso entre el tumulto para llegar hasta Nadia.
Carl ya se había enterado de la crisis gracias a los miembros más veteranos de la familia Williams. En el momento en que descubrió que Nadia había ordenado que todos los refuerzos se dirigieran al frente, una ola de pánico lo invadió.
No lo dudó. Reunió a su unidad y se apresuró a acudir para evaluar la situación por sí mismo.
En un principio, solo pretendía reforzar la seguridad de Nadia, pero al llegar se encontró con que su grupo estaba acorralado y luchando por defenderse. Los disparos estallaron por ambos lados y el aire se llenó de tensión.
Al final, Carl consiguió sacar a Nadia del peligro, aunque el precio fue muy alto. La familia Williams perdió a más de la mitad de sus miembros más importantes durante el combate.
La pérdida dejó una profunda herida en las filas de la familia.
Junto con la devastación que Shawn había causado anteriormente, su poder quedó destrozado.
Naturalmente, Carl se sintió frustrado y enfadado por la situación.
Siempre había antepuesto el bienestar de la familia a todo lo demás, lo que explicaba por qué en su día había respaldado las decisiones de Shawn.
La ira bullía en su interior y tuvo que hacer acopio de todo su autocontrol para no estallar. Nadia se dio cuenta de su estado de ánimo y las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas, lo que le impidió regañarla. Finalmente, le lanzó una severa advertencia: « Cuando volvamos, debes prometerme que no volverás a ir tras la gente de Maren».
«Lo entiendo, Carl. La he fastidiado. Por favor, no te enfades conmigo», suplicó Nadia, adoptando su actitud más indefensa. «Prometo que dejaré de tomar decisiones precipitadas. A partir de ahora, haré exactamente lo que tú digas».
Nadia nunca imaginó que los seguidores de Maren opondrían tanta resistencia. Aunque la amargura aún persistía en su interior, la idea de la caída de Maren no era suficiente para aplastar su espíritu.
Con las emociones a flor de piel, Carl se vio obligado a dejar pasar el asunto, a pesar de que la frustración lo carcomía.
Justo entonces, mientras se disponían a retirarse, un miembro de la familia Williams se apresuró a acercarse a ellos. «Carl, tienes que ver esto. Nuestros hombres acaban de enviar una nueva foto. ¿No es Maren?».
«¿Qué? ¿Maren?». Al oír el nombre de Maren, Nadia sintió una sacudida. Inmediatamente extendió la mano y le arrebató el teléfono. El rostro del miembro de alto rango se tensó con irritación, pero se mantuvo en silencio mientras Carl permanecía cerca.
«¡Es Maren! ¿Cómo es posible? ¿No se suponía que estaba muerta?». La mirada de Nadia se fijó en la mujer de la imagen. El rostro de Maren le resultaba tan familiar que Nadia la reconocería en cualquier parte.
Tras echar un breve vistazo a la foto, Carl habló. «Sin duda es ella. ¿Cómo te enteraste de la supuesta muerte de Maren?».
Carl se sintió realmente desconcertado, ya que Nadia no le había permitido acompañarla en la misión, por lo que apenas sabía nada de la situación.
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