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Capítulo 388:
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Los suspiros se extendieron por las gradas. Aunque muchos habían visto torneo tras torneo, esa sola demostración lo dejó claro: Matthew operaba en un plano diferente.
«¡Ese chico es un monstruo! ¡Un fenómeno nato!».
Los altos funcionarios sentados entre los jueces fijaron su atención por completo en él, con expresiones que se endurecieron al unísono.
Incluso Alberto se inclinó hacia adelante.
«Estás siendo demasiado generoso. El chico tiene un talento que nadie puede enseñar. Esfuerzo incansable, disciplina sin igual… y con mi entrenamiento, la excelencia era inevitable». De todos los presentes, Trey era el que más sonreía.
Matthew era el alumno personal de Trey. Y cada vez que se producía un acontecimiento crucial, especialmente bajo los focos, el chico daba la talla.
Trey incluso miró el rostro de Alberto en busca de alguna reacción.
Solo unos momentos antes, Alberto había estado alabando a otro talento. Al darse cuenta de que el hombre lo observaba atentamente, la sonrisa de Trey se amplió.
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Claramente, Matthew estaba muy por delante.
La competición ni siquiera había terminado, pero todo el estadio solo tenía ojos para él.
Una segunda bola salió disparada.
Matthew apretó el gatillo sin perder el ritmo.
Luego vino la tercera.
Luego, el tercer disparo.
Un cuarto lanzamiento. Un cuarto golpe.
Cada disparo reflejaba al siguiente con una sincronización asombrosa.
Cada ronda daba en el blanco. Sin pausas. Sin errores. Un ritmo perfecto. Diez lanzamientos. Diez derribos. Sin lugar a dudas.
Diez puntos.
Había logrado una victoria aplastante.
«¡Fenomenal!».
La multitud estalló, levantándose en una estruendosa ola de aplausos y vítores.
Todos sabían que acababan de ver nacer una leyenda.
«¡Matthew! ¡Invencible! ¡Matthew! ¡Invencible!».
Los vítores resonaron en todo el campo de entrenamiento, todos para Matthew.
«Trey, tienes un verdadero talento entre manos. ¡Parece que el campeonato volverá a ser para tu academia!», felicitaron con entusiasmo los jueces a Trey.
Contar con una academia tan excepcional en el ejército sería sin duda una gran ventaja.
«Son demasiado generosos. ¡No merezco tales elogios!». Trey se sentía como si estuviera flotando en el aire. Su ego se disparó con sus palabras.
«Alberto, ¿qué opinas? Mi alumno es bastante impresionante, ¿verdad? ¿Cómo se compara con ese genio del que has hablado?», preguntó Trey a Alberto con confianza, haciendo hincapié en la palabra «genio».
Con un alumno tan talentoso como Matthew, dudaba que nadie más pudiera siquiera acercarse.
«Matthew es sin duda talentoso, pero aún está muy por detrás del genio que he conocido».
Las palabras de Alberto borraron la sonrisa de Trey al instante.
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