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Capítulo 303:
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Eran días en los que Maren le enseñaba pacientemente a leer, la mimaba con golosinas, jugaban juntas y la protegía ferozmente del peligro.
Se sentía realmente feliz.
Pero entonces Maren desapareció.
«Eres tú de verdad, Maren. Has vuelto. Te he echado mucho de menos».
En el momento en que Isla se dio cuenta de que no estaba soñando, una emoción abrumadora la invadió y las lágrimas le resbalaron silenciosamente por las mejillas.
Había imaginado ese momento innumerables veces, imaginando lo maravilloso que sería despertarse y encontrar a Maren a su lado de nuevo.
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«Abrázame, Maren».
«Por supuesto».
Como Isla no tenía fuerzas para levantarse, Maren se acercó y la rodeó con sus brazos con delicadeza.
Isla era solo una adolescente; la mayoría de los niños de su edad se preocupaban por el colegio. Pero ella no era como los demás. Tras perder a sus padres, Maren se había convertido en todo su mundo. Solo se tenían la una a la otra.
«Me siento tan segura y arropada», susurró Isla, acurrucándose más en el abrazo de Maren, mientras sus ojos se cerraban poco a poco.
En presencia de Maren, el dolor parecía desvanecerse por un momento. Sus recuerdos turbulentos desaparecieron brevemente de su mente.
«Estoy tan cansada», murmuró Isla débilmente, casi inaudible. «Pero tengo miedo. ¿Y si te has ido cuando vuelva a abrir los ojos?».
«Duerme. Estaré aquí cuando te despiertes». Maren le acarició suavemente la cabeza. Sabía que Isla necesitaba descansar desesperadamente. Su cuerpo debilitado había soportado suficiente trauma.
« «¿De verdad te quedarás aquí?», preguntó Isla en un susurro apenas audible. Si Maren no hubiera estado alerta, podría haberlo pasado por alto.
«Sí, te lo prometo. Cuando te despiertes, seguiré aquí contigo», respondió Maren, mirando con atención los monitores que controlaban el ritmo cardíaco y la respiración de Isla. Todo seguía estable.
«De acuerdo», susurró Isla, dejándose llevar por el sueño de nuevo.
Mientras seguía abrazando a Isla, Maren finalmente se dio cuenta de su propio agotamiento. Los días sin dormir habían pasado factura y sus párpados se volvían más pesados por segundos.
Pero Maren se obligó a permanecer despierta. Sabía que el estado de Isla seguía siendo delicado y que todo podía cambiar en un instante. Quedarse dormida aún no era una opción.
Rápidamente envió un breve mensaje a Simon, pidiéndole que enviara a alguien con comida. Isla la necesitaría tan pronto como despertara.
A medida que la tarde daba paso a la noche, Isla comenzó a moverse suavemente, abriendo los ojos mientras descansaba en los brazos de Maren.
—¿Maren? —Su voz, aunque todavía suave, sonaba ahora más firme. Su mejora era innegable en comparación con antes.
—Hola, estás despierta. ¿Tienes hambre? —preguntó Maren, acariciando afectuosamente el estómago de Isla.
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