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Capítulo 197:
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Pensaban que su antigüedad la intimidaría. En cambio, ella los recibió con un desafío inquebrantable.
«¡Maren! ¡No se nos habla así!», gritó alguien, visiblemente ofendido.
Acababa de insultar a casi todos los accionistas de la sala. Ni siquiera Ashton se había atrevido nunca a adoptar ese tono.
¿Y Maren? Nunca la habían tomado en serio. ¿Quién se creía que era?
«Mi comportamiento no es asunto vuestro. Estoy aquí para reclamar mi herencia. No he pedido vuestra opinión y, desde luego, no necesito vuestra aprobación». La voz de Maren se mantuvo firme, pero su intención era clara: no estaba allí para negociar.
Furioso, Cullum dio un golpe en la mesa con la palma de la mano. «Maren, tú…».
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«Tú no tienes nada que ver. Ni siquiera tienes acciones. Esta es una sesión a puerta cerrada. ¡No tienes nada que hacer aquí!», le interrumpió Maren.
Cullum estaba furioso. Ahora estaba claro: Maren no tenía intención de ceder. No le importaban sus egos.
Pensaban que la fuerza del número la intimidaría. Pero Maren no seguía sus reglas.
Sin volver a mirarlos, Maren deslizó el contrato firmado por el escritorio de Ashton.
—Papá, adelante. Fírmalo —dijo, entregándole un bolígrafo.
Ashton se quedó en silencio. No había hablado, no porque estuviera tranquilo, sino porque estaba intentando desesperadamente localizar a Dick.
No importaba si Maren estaba fingiendo o si realmente había olvidado lo que había pasado antes. Mientras tuviera esa grabación, seguiría teniendo ventaja.
Pero, para su frustración, Dick no aparecía por ninguna parte y no había respondido a sus mensajes.
«Maren, demos un paso atrás…», comenzó Ashton, ganando tiempo.
—No habrás olvidado lo que pasó anoche, ¿verdad? ¿Quieres que saque el vídeo? —preguntó Maren.
Ashton estaba a punto de hablar, pero sus palabras le interrumpieron antes de que pudiera empezar.
Había planeado utilizar el vídeo como arma si ella perdía contra Daniel. Le mostraba como un padre en apuros que tomaba decisiones difíciles por el bien común.
Pero Maren había ganado. Ahora, las mismas imágenes contarían una historia diferente, presentándolo como un padre cruel y mezquino que nunca apoyó a su hija.
Quería avergonzarla. Ahora era él quien corría el riesgo de quedar en desgracia.
Maren tenía la sartén por el mango. Él no tenía nada.
«Firma», repitió Maren.
Por toda la sala, la incomodidad se extendió como una onda.
Para ellos, Maren parecía una hija acorralando públicamente a su padre.
«Maren, tu padre puso su alma en este negocio. Nunca buscó elogios ni compensaciones. Sin él, esta empresa se habría hundido hace años. Perdió una apuesta, sí, pero sigue intentando mantener unido este legado. A eso se le llama principios. ¿Y tú? Tú lo estás cogiendo todo como si te lo debieran. ¿Crees que tu difunta madre aprobaría esto?».
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