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Capítulo 186:
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El tono del guardia dejaba claro que no creía ni una palabra de lo que decía Maren.
Maren frunció el ceño. No se le había ocurrido que su falta de implicación previa con la empresa pudiera acarrearle tantas complicaciones.
De hecho, era su primera visita, por lo que no era de extrañar que no la reconocieran.
«¿Hay alguna forma de que pueda hablar con su jefe?», preguntó, manteniendo la compostura.
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El guardia se detuvo a pensar. «Eso es complicado. No nos comunican la agenda del Sr. Morgan».
Se mostraba inflexible en no poner en peligro su puesto permitiendo el acceso sin control.
«Sin embargo, nuestros ejecutivos suelen estar en este vestíbulo. Si usted es quien dice ser, seguro que alguien la reconocerá».
Al principio, el guardia no había mirado detenidamente a Maren. Ahora, al verla con más claridad, se fijó en su elegancia y le mostró cierto respeto.
—Entendido.
Maren no tenía intención de montar una escena. Muchos ejecutivos la conocían por las visitas a su casa para reunirse con Ashton.
Por lo tanto, decidió esperar en un sofá del vestíbulo.
Sin que Maren lo supiera, todos sus movimientos eran vigilados desde la oficina del presidente en la planta treinta y cinco.
«¡Ha venido a reclamar las acciones!».
Cullum y Bobby clavaron la vista en el monitor, con miradas llenas de ira.
Ashton, tranquilo y sereno, dio una calada a su cigarrillo. «¿Por qué precipitarse? ¿Recuerdas nuestra estrategia?».
«Papá, deberíamos seguir adelante. Me pondré en contacto con Dick», dijo Bobby, cogiendo su teléfono con impaciencia.
«Adelante». Ashton dio su aprobación.
Bobby salió con una sonrisa de confianza, dejando a Ashton y Cullum en la oficina.
Mientras Ashton observaba a Maren en la pantalla, su voz se volvió más grave, aguda y fría. «Tú te lo has buscado, chica».
Maren se sentó en el borde del sofá, perdiendo la paciencia con cada segundo que pasaba.
El plan para recuperar las acciones se había alargado mucho más de lo que había previsto. Sus ojos permanecían fijos en el ascensor, escrutando a cada persona que pasaba.
El tiempo transcurría lentamente. Ni una sola cara familiar aparecía entre la multitud.
«Disculpe, señorita. ¿Busca a alguien?». Un joven de tez pálida se acercó a ella.
«¿Acaso es asunto suyo?», respondió Maren sin siquiera mirarlo.
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