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Capítulo 1248:
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Apenas se marcharon los últimos, Orlando se volvió, con la preocupación reflejada en su rostro.
—Padre, ¿cuál es nuestro siguiente paso?
—Ojalá lo supiera. —Mason soltó un profundo suspiro.
Mirando atrás, se arrepentía de haber dejado que esas bandas se metieran en su plan. Ninguna de ellas había sido una verdadera aliada, y ahora todas querían su parte.
Solo ellos tenían la culpa del lío en el que se habían metido.
Nadie en su sano juicio quería desprenderse de la fortuna de la banda Axe a cambio de nada.
Pero negarse a compartir tenía sus propias consecuencias.
Tanto Mason como Orlando intercambiaron suspiros de cansancio, resignados a lo inevitable.
—¿Así que mañana vamos a dividir nuestros territorios? —preguntó Orlando, reacio y abatido.
—Es nuestra única opción —respondió Mason en voz baja—. Esta noche, clasificaremos nuestros territorios. Ofreceremos los que menos importan, intentaremos proteger lo que podamos.
—De acuerdo —Orlando asintió con renuencia.
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Dadas las circunstancias, era lo más parecido a un plan que tenían.
En ese momento, una voz aguda resonó en la sala.
—Sr. Rhodes, ¿no dejé claro que la banda Axe no tenía intención de dejar que forasteros se quedaran con nuestros territorios? ¿Cómo pudo hacer esa promesa por su cuenta? ¿No le da miedo que se lo comunique a nuestro jefe?
Mientras las otras bandas ya se habían marchado, el miembro de la banda Axe permaneció clavado en su sitio.
La noticia de que Mason y Orlando estaban decididos a repartir el territorio no le sentó nada bien.
Al otro lado de la sala, Mason y Orlando intercambiaron una mirada cómplice, con una sonrisa fría en los labios.
El hombre de la banda Axe Gang se quedó repentinamente rígido.
«¿Qué significa esa mirada?». La duda se apoderó de su voz y la sospecha le picó en la nuca.
«¿De verdad pensabas que ibas a salir de aquí?».
Con esas palabras, Mason y Orlando sellaron su destino.
—Tú…
La sorpresa apenas se reflejó en el rostro del hombre de la Banda del Hacha antes de que Orlando sacara su pistola y lo silenciara con un solo disparo.
Ahora, solo quedaba su cuerpo sin vida tendido en el suelo de la sala de estar.
—Bien. Mañana, finalizaré las cosas con la Banda del Hacha. Una vez que aseguremos sus territorios, los repartiremos discretamente entre los demás. No se dirá ni una palabra sobre esto. Mason apenas miró el cuerpo.
«Pero, ¿y si la banda Axe descubre lo que ha pasado? ¿Cómo explicaremos su pérdida?». Una sombra de preocupación se deslizó en la voz de Orlando.
Mason hizo un gesto con la mano para disipar la preocupación. «Les diré que los planes han cambiado. Además, el único que sabía lo que realmente pasó está ahí tirado. A partir de mañana, nosotros nos encargaremos de los territorios de la banda Axe. Mientras la verdad permanezca oculta, no podrán desafiarnos».
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