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Capítulo 795:
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Connor se quedó inmóvil. Levantó la cabeza y la miró con los párpados pesados, mientras en lo más profundo de sus ojos destellaba una resignación impotente.
«Joslyn». Soltó un suspiro y apoyó la frente contra la de ella. «¿De verdad tenemos que hablar de límites ahora mismo?».
La inusual frustración en su rostro hizo sonreír a Joslyn. «Está bien. No volveré a sacarlo a colación». Inclinándose hacia él, le besó la comisura de los labios. «Tú mandas. Lo haremos a tu manera».
Con eso, el límite dejó de existir por completo. De una vez al mes pasaron a dos veces por semana y, al poco tiempo, incluso ese horario fue sustituido por una regla mucho más sencilla: cuando les apeteciera. Dependía de cómo se sintieran al despertarse, al volver del trabajo o mientras veían una película. Incluso durante un paseo, cuando Bolt salía corriendo tras una ardilla y ellos esperaban bajo un árbol que susurraba, el momento podía surgir de repente.
Los besos pronto se convirtieron en otra parte habitual de su vida juntos. Había un beso antes de salir por la mañana y otro al llegar a casa. A veces, mientras Connor trabajaba en el estudio y Joslyn leía a su lado, ella levantaba la vista del libro y le robaba uno en la mejilla. De vez en cuando, Joslyn se preguntaba si su atracción por Connor se había vuelto totalmente física.
Al principio, sus besos sorpresa hacían que Connor se quedara paralizado. Pronto, los aceptó sin la más mínima vacilación y, con el tiempo, aprendió a corresponderle. En el momento en que ella conseguía pillarlo desprevenido, él le rodeaba la nuca con las manos y convertía su rápido beso en algo más profundo.
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Con cada momento íntimo que compartían, la distancia que en su día los había marcado como socios de negocios desaparecía poco a poco. En su lugar crecía la cercanía natural y el entendimiento tácito de los amantes.
De todas las cosas que hacían juntos, pasear a los perros seguía siendo su actividad favorita. La mayoría de las tardes, Connor volvía a casa del trabajo, se quitaba el traje y se ponía ropa deportiva cómoda. Joslyn se ponía su propia ropa deportiva y se recogía el pelo en una pulcra coleta alta. Tras abrochar las correas a Bolt y Biscuit, salían de casa uno al lado del otro.
Rebosante de energía, Bolt siempre se adelantaba corriendo, aunque de vez en cuando miraba hacia atrás para asegurarse de que le seguían el ritmo. Las cortas patas de Biscuit se cansaban rápidamente. En cuanto empezaba a lloriquear para que lo llevaran en brazos, Connor se agachaba y cogía al perrito regordete en brazos. Biscuit se acurrucaba satisfecho en el pliegue de su codo, con la lengua colgando mientras admiraba el paisaje.
Paseaban a un ritmo tranquilo por el sendero del barrio, hablando de los pequeños detalles de su día, desde lo que hubiera pasado en la oficina hasta el último botón que Bolt había aprendido a pulsar correctamente. El sol poniente proyectaba sus sombras a lo largo del camino, alargándolas hasta que se superponían. De vez en cuando, algún vecino conocido los saludaba con una sonrisa. «¿De paseo con los perros otra vez? Sois tan cariñosos como siempre».
Joslyn siempre respondía con un alegre movimiento de cabeza, mientras que Connor devolvía el saludo con su habitual y leve inclinación de la barbilla.
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