✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 596:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
«Gracias por hacer la foto. La foto ha quedado preciosa», dijo Joslyn con sincera gratitud. Un atisbo de esperanza se coló en su voz, aunque aún sonaba un poco vacilante. «¿Podríamos intercambiar números de teléfono o añadirnos en las redes sociales? No sé por qué, pero siento que hay algún tipo de conexión entre nosotras».
Joslyn se sintió genuinamente atraída por la competencia de Hertha, su manera directa de ser y su presencia tranquilizadora.
Hertha accedió sin la más mínima vacilación. «Por supuesto».
Sacó un móvil del bolsillo de su bata blanca, lo desbloqueó y buscó los datos de contacto de Joslyn.
«Déjame añadirte», dijo Joslyn. A petición suya, Connor le entregó su nuevo móvil. Desbloqueó la pantalla, abrió la aplicación de chat y escaneó el código de Hertha.
Un discreto tono de notificación confirmó que la solicitud se había enviado.
Joslyn y Hertha se intercambiaron una sonrisa.
Todo el intercambio duró solo unos instantes.
D𝘦𝘀cа𝗿𝗴𝘢 𝖯𝗗𝖥ѕ 𝗴rа𝗍𝘪𝘴 𝖾𝘯 𝗻𝗈𝗏e𝗅𝗮s4f𝘢𝗇.𝖼𝗼𝗆
Hertha llevaba apenas dos minutos en la habitación y las dos mujeres ya se habían conectado en las redes sociales. Nadie se dio cuenta de que Lucas llevaba mirando en silencio, atónito, desde que Hertha abrió la puerta. Aún sentado en la silla junto a ella, parecía paralizado por la sorpresa.
La sonrisa despreocupada que solía dibujarse en el rostro de Lucas desapareció sin dejar rastro.
Había reconocido a Hertha en el instante en que cruzó la puerta. Primero apareció su silueta, luego el sonido de su voz.
La holgada relajación que definía su postura se desvaneció. Se enderezó bruscamente, apretando los dedos contra los reposabrazos hasta que se le pusieron blancos los nudillos.
Su mirada permaneció fija en Hertha.
Estudió cada detalle de su aspecto. El corte de pelo pixie, bien recortado. El elegante puente de su nariz.
Cada rasgo familiar se grabó en su mente con una claridad agonizante, como si el tiempo nunca hubiera pasado.
Era ella.
Realmente era ella.
Hertha Butcher.
La mujer que había desaparecido hacía cinco años, ocho meses y dieciocho días.
El paso de los años no la había mermado. Al contrario, la habían refinado, dejándola más serena, más fuerte e inquebrantable.
Allí de pie, con su bata blanca, se comportaba con la tranquila seguridad de una médica respetada.
Ya no era la joven que solía sonrojarse cada vez que él se burlaba de ella, ni aquella que le regañaba por meterse en peleas mientras le curaba con delicadeza cada una de sus heridas.
Un dolor insoportable se apoderó de Lucas, le escocía en los ojos y le oprimía el pecho hasta que le costaba respirar.
Durante un instante vertiginoso, sintió como si cada gota de sangre se le hubiera subido a la cabeza antes de drenarse con la misma rapidez. Un zumbido agudo le llenó los oídos, ahogando todo lo que le rodeaba.
Lucas se puso en pie de un brinco.
Todas las miradas de la sala se dirigieron hacia él.
Joslyn y Connor lo miraron con evidente sorpresa.
Atraída por el movimiento repentino, Hertha giró la cabeza.
Sus miradas se cruzaron al otro lado de la sala.
En el instante en que sus ojos se posaron en Lucas, algo destelló brevemente en el rostro de Hertha.
Desapareció casi tan pronto como apareció.
Un latido después, sus rasgos recuperaron su serena profesionalidad. —Señor —dijo cortésmente—. ¿Hay algo en lo que pueda ayudarle?
Lucas escudriñó su mirada serena, con la desesperada esperanza de encontrar siquiera el más leve atisbo de sorpresa, resentimiento o afecto residual. No había nada.
.
.
.