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Capítulo 382:
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Los mensajes seguían apareciendo en la pantalla, animados y ridículos a partes iguales. Connor los observó un momento, mientras la leve curva en la comisura de sus labios se acentuaba, pero no escribió nada más. Un segundo después, cerró el chat.
Más allá de los ventanales que iban del suelo al techo, la ciudad se movía bajo la luz de la tarde, abarrotada e inquieta. Connor se recostó en su silla, pero la sensación en su pecho era extrañamente serena.
Esta noche iba a reunirse con Lexie, la mujer que había criado a Joslyn.
No como un desconocido. No como un forastero. Como su marido.
Todo había sucedido de una forma muy diferente a como se lo había imaginado. El camino había dado un giro inesperado, pero el final que le esperaba era mejor que cualquier plan que él mismo hubiera podido idear.
Así que esto era lo que se sentía cuando las cosas por fin encajaban.
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Y estaba satisfecho con ello.
Más que satisfecho.
A las seis menos diez de esa tarde, un coche negro ya se había detenido frente a la verja de la nueva casa de Joslyn.
Se abrió la puerta trasera. Connor salió con cuidado, con el brazo izquierdo aún inmovilizado por el yeso, aunque ese ligero inconveniente no alteraba en absoluto su porte sereno.
En el crepúsculo que se iba oscureciendo, su traje gris lucía impecable y sobrio, y sus líneas limpias le hacían parecer aún más comedido de lo habitual. Solo el yeso de un blanco inmaculado rompía esa imagen. Destacaba nítidamente sobre la fina tela, pero ni siquiera eso podía restarle la tranquila autoridad que desprendía.
Lo que realmente suavizaba su aspecto severo no era la lesión, sino lo que llevaba en el brazo.
Con solo el brazo derecho libre, Connor sostenía tres grandes ramos contra su pecho. Cada uno había sido envuelto con exquisito cuidado y, aunque la postura resultaba claramente incómoda, de alguna manera se las arreglaba para que pareciera digna.
Rosas champán, lirios, eustomas y eucalipto se entremezclaban en tonos cálidos y suaves. Las flores eran tan exuberantes que casi le cubrían todo el torso, convirtiendo a aquel hombre, por lo general imponente, en una imagen sorprendentemente llamativa.
Damien cerró la puerta del coche tras de sí y se dirigió rápidamente al maletero. Una tras otra, sacó varias elegantes cajas de regalo, todas ellas evidentemente pesadas a juzgar por la forma en que las manejaba.
El coche apenas se había detenido del todo cuando la verja se abrió desde dentro. Joslyn salió rápidamente y se apresuró hacia ellos.
Joslyn había calculado su llegada a la perfección. Para cuando apareció Connor, ella ya estaba esperando fuera, todavía vestida con la blusa y la falda que había llevado al trabajo. Solo se había quitado la chaqueta. Se había recogido el pelo largo en un moño bajo y suelto, dejando al descubierto la suave curva de su frente y la elegante línea de su cuello.
Al ver a Connor casi oculto tras tres enormes ramos de flores, Joslyn se detuvo en seco. Durante un breve segundo, se limitó a mirarlo fijamente. Luego, sus labios esbozaron una sonrisa y la diversión iluminó sus ojos tan rápidamente que no habría podido ocultarla aunque lo hubiera intentado.
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