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Capítulo 346:
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«Lo siento, Joslyn. Lo siento…». Su voz sonaba ronca junto a su oído, repitiendo una y otra vez la misma disculpa, suave y llena de remordimiento.
Connor se arrepentía de todo. Nunca debería haberse enfadado con Joslyn. En cuanto se volvieron a ver, debería haberle pedido perdón. Debería haberle contado la verdad y haberle explicado todo desde el principio.
Era mayor que ella, lo suficientemente mayor como para saberlo mejor. No tenía por qué comportarse de forma tan inmadura.
«Fue culpa mía. Nunca debí ocultártelo. Pensé que te estaba protegiendo. Pensé que, si no lo sabías, tendrías una cosa menos de la que preocuparte. Resulta que me equivoqué. Me equivoqué por completo».
Inclinó la cabeza y rozó suavemente su mejilla contra la de ella. Su piel estaba fría y húmeda por las lágrimas, y la ternura de aquel gesto la pilló desprevenida. Connor siempre se había preocupado por ella, pero nunca lo había visto tan cuidadoso, tan temeroso de hacerle daño.
«Te prometo que no volverá a pasar. Sea lo que sea, te lo diré enseguida. No nos volveremos a ocultar nada el uno al otro, ¿de acuerdo?».
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Las palabras flotaron entre ellos, cargadas de un peso que resultaba casi solemne.
Bien arropada entre sus brazos, los sollozos de Joslyn se fueron atenuando poco a poco hasta convertirse en suaves sollozos.
Pero el dolor no había desaparecido. Tampoco la ira.
¿Cuántas promesas había cumplido realmente hasta entonces?
¿No le había prometido una vez que respetaría sus decisiones? ¿Que la apoyaría? Sin embargo, cuando importaba, seguía decidiendo qué era lo mejor para ella sin preguntarle, disfrazándolo de protección y esperando que ella lo aceptara.
Poco a poco, Joslyn levantó la cabeza de su pecho. Tenía los ojos hinchados de llorar y la nariz enrojecida, lo que la hacía parecer más vulnerable que intimidante, a pesar de su determinación de seguir enfadada con él.
Lo miró fijamente, con pequeñas gotas aún aferradas a sus pestañas. «Connor, te odio».
Esas palabras le oprimieron el corazón a Connor como un puño.
Sin embargo, cuando la miró a los ojos, vio mucho más que ira. Había dependencia. Cariño. Y esa vena obstinada tan familiar que ella nunca parecía capaz de ocultarle.
Sabía que no lo decía en serio.
Le recordaba a una niña que, entre lágrimas, declaraba que odiaba a alguien, solo para lanzarse de nuevo a sus brazos unos instantes después.
«Lo sé».
Levantó una mano y, con el pulgar, le secó suavemente la lágrima que temblaba en el rabillo del ojo. La ternura de aquel sencillo gesto hizo que a Joslyn le resultara aún más difícil mantener su indignación.
Bajó la mirada. Tras un instante, habló con voz baja y culpable. «Yo también lo siento. Yo también te he ocultado cosas. Lo de Trenton. Lo de mudarme. Debería habértelo dicho».
El pulgar de Connor se detuvo en el rabillo de su ojo.
No tenía ningún deseo de hablar de Trenton, el hombre que había intentado entrometerse en el matrimonio de otra persona. Sacar el tema ahora solo haría añicos la frágil paz por la que tanto habían luchado.
—Joslyn —dijo con voz baja y firme—. No quiero que te disculpes.
Joslyn parpadeó y levantó la vista hacia él, con una expresión de confusión que se dibujó fugazmente en su rostro.
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