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Capítulo 62:
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Se escabulle detrás de mí y se pone en la cola detrás de la misma mujer que corrió cuando nos vio llegar. Nos mira nerviosa a Luna y a mí, con una puntada de preocupación en la frente y el pie dando golpecitos nerviosos mientras la cajera revisa sus cosas. Probablemente piensa que he secuestrado a Luna para convertirla en una puta de club.
«¿Y estos?» pregunta Luna, metiendo la mano en el carrito y sacando la caja de tampones.
«No soy quién para decírtelo», le digo.
«Ya lo descubrirás».
«¿Cómo voy a averiguarlo si no me lo dices?».
«Pregúntale a Callan», le digo, mostrándole una sonrisa malvada. Que se ocupe él de sus problemas femeninos. Fue él quien la trajo a casa.
«¿Por qué Callan lo sabe si tú no? ¿Él usa esto y no…?»
La mujer que tenemos delante le quita las bolsas a la cajera, nos lanza miradas de asco y lástima antes de marcharse.
«No, no las usa», le digo a Luna.
«Es un hombre. Usas tampones cuando es tu… ciclo lunar.» Empiezo a sudar en esta tienda gélida y helada. Le lanzo una mirada significativa, tratando de hacerla callar, y empujo un puñado de ropa sobre el mostrador.
«¿Mi ciclo lunar?» Su ceño se frunce.
«Ohhh. Quieres decir cuando estoy sangrando».
«Eso.
Eso».
El cajero es un chaval joven y lleno de granos, que apenas ha dejado los pañales si su barbilla sin bigotes sirve de indicación.
Luna sigue agarrando la maldita caja de tampones.
«¿Qué hago con ellos?»
«Pagamos toda esta mierda y nos vamos», digo, golpeando la caja contra el mostrador.
Es oficial. Me he quedado sin hombre por culpa de esta chica, y no me gusta nada. No sé qué puedo hacer al respecto, excepto volver a subirme a la moto y resistir la sensación de su calor apretado contra mi espalda baja mientras llevo a nuestra extraviada de vuelta a casa. Tengo que concentrarme en superar esto sin dejar que mi mente divague.
Callan
Tardamos casi una hora en limpiar y curar las heridas de Ethan.
Ese vampiro le hizo mucho daño, apenas le dio en la carótida, o ahora sería gemelo en vez de trillizo.
Toallas ensangrentadas llenan el fregadero de la cocina y salpicaduras carmesí cubren el suelo, pero al menos mi hermano está vivo.
Tuve que sacar nuestro mejor licor para coser bien a Ethan.
Ahora que tiene la cara hecha una mierda, le ato el último hilo del cuello y le acaricio el hombro.
«Como nuevo».
Ethan abre los ojos, los ha mantenido cerrados con una mueca en la cara mientras le cosía el cuello.
«¿Has terminado, joder?»
«Más o menos».
Agarro el bote de antiséptico en spray que guardamos para momentos así y rocío un poco sobre su herida.
«La cicatriz te dejará más feo de lo que ya eres.
¿Quieres ver?»
Ethan bebe otro trago de whisky y sacude la cabeza.
«No. Confío en ti».
«Entonces vamos a ocuparnos del cuerpo.»
Se levanta con un gesto de dolor.
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