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Capítulo 992:
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¿Qué clase de bar era éste?
Ni un solo guardia de seguridad había intervenido para detenerlos.
El brazo de Vincent se mantuvo firme alrededor de ella. Inclinó su cuerpo, protegiéndola de la creciente agresión.
«No pasa nada», dijo en voz baja y grave.
Luego, con una rápida mirada hacia la entrada, añadió: «La seguridad ya está aquí».
Katelyn soltó un suspiro tembloroso y la tensión de su pecho se relajó ligeramente.
Aun así, la cercanía entre ellos era excesiva. La presencia de Vincent era magnética, casi abrumadora, su energía le atraía los sentidos.
Katelyn se sintió incómoda y el calor le subió por el cuello y la cara. ¿Era vergüenza? ¿O simplemente hacía demasiado calor en el bar?
Finalmente, los guardias de seguridad intervinieron y expulsaron a los alborotadores.
El encargado del bar se acercó rápidamente, inclinando la cabeza al detenerse frente a ellos.
«Pido sinceras disculpas por las molestias», dijo.
«Para compensarte, te haremos un descuento del cincuenta por ciento en las bebidas de esta noche. ¿Te parece bien?»
Katelyn aprovechó el momento para alejarse de Vincent.
Se sentó a su lado y se ajustó el vestido.
Sus pensamientos entraron en espiral. ¿Qué se suponía que debía decir en esta situación? Así que se quedó callada y esperó, dejando que Vincent tomara la iniciativa.
Vincent dejó que una pequeña sonrisa se dibujara en sus labios.
«Está bien», respondió.
«Sólo asegúrate de que no nos interrumpan de nuevo».
Los hombros del director se relajaron y asintió agradecido.
«Por supuesto.
Puedes contar con ello».
Antes de darse la vuelta para marcharse, sus ojos se posaron en Katelyn.
Ella dudó, las palabras se formaron en su mente pero se atascaron en su garganta.
Cualquier cosa que dijera ahora podría parecer una excusa, y no estaba segura de cómo explicarlo sin empeorar las cosas.
En lugar de eso, cogió su copa de vino, sus dedos temblaron ligeramente cuando se la llevó a los labios y bebió un pequeño sorbo.
A Vincent no le pasó desapercibida su reacción, pero guardó silencio.
Su mano rozó sutilmente su costado.
Era como si aún pudiera sentir el peso de ella contra él.
Cuando el director se marchó, el silencio entre ellos se hizo insoportable. Katelyn se removió en el asiento, con los dedos crispados contra la tela del vestido, mientras intentaba pensar en algo que decir.
Antes de que pudiera hablar, Vincent frunció el ceño y dijo en voz baja: «Está aquí».
Su respiración se entrecorta y su corazón late con fuerza.
Siguió sus ojos hacia la entrada, y allí estaba el hombre de las imágenes de vigilancia.
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