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Capítulo 983:
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Sin mirar a Alfy ni a Jaxen, Katelyn abrió de golpe la puerta del coche.
Se dirigió hacia la cabina del camión sin vacilar.
«¡Maestro, por favor espere! ¿Adónde va?» La voz de Alfy temblaba mientras gritaba, luchando por seguirle sobre piernas inseguras.
Katelyn se subió a la cabina del camión y abrió la puerta de un tirón.
Sus ojos se clavaron en el interior, que estaba desierto.
Pero de nuevo, ¡era uno de esos temidos camiones sin conductor!
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, dejándola inquieta.
El recuerdo de la muerte de Yanis resurgió: el accidente de camión que acabó con la vida de la enfermera había sido un acto deliberado para silenciarla. ¿Por qué volvían a utilizar ahora el mismo horrible método? ¿Quiénes eran esos desquiciados, capaces de semejante crueldad? Katelyn no le encontraba sentido. Las piezas no encajaban.
Jaxen se acercó corriendo y se le encogió el corazón al ver el camión sin conductor. No se trataba de un accidente cualquiera.
Sin perder un segundo, sacó su teléfono y marcó el número de Vincent.
Katelyn volvió al momento presente y bajó con cuidado del camión. La mirada de Alfy estaba llena de preocupación cuando dio un paso adelante.
«¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?» Rápidamente escaneó el cuerpo de Katelyn, la ansiedad trepando por su espina dorsal.
Katelyn la miró con una sonrisa tranquila.
«Yo estoy bien. ¿Y tú?»
Alfy negó lentamente con la cabeza.
Sin perder un momento, cogió su teléfono del bolso.
«Averiguaré quién está detrás de este ataque», dijo con determinación en la voz.
Colocó el teléfono con cuidado sobre el capó del camión y vio cómo aparecía un teclado virtual por infrarrojos.
Sus dedos se movieron rápidamente por las teclas brillantes.
En unos instantes, había entrado en el sistema de vigilancia de la ciudad.
La pantalla del teléfono parpadeó, mostrando al instante imágenes de las cámaras más cercanas.
Los labios de Alfy se apretaron en una fina línea mientras su mirada permanecía fija en la pantalla, sin pestañear.
Katelyn se quedó en silencio a su lado, observando cómo Alfy trabajaba rápidamente.
Para alguien como Alfy, rastrear la fuente era fácil, siempre y cuando el camión no hubiera burlado las cámaras.
Pero los instintos de Katelyn le decían lo contrario.
Si sus enemigos se hubieran movido, habrían encontrado la forma de ocultar sus huellas. Las tácticas les eran demasiado familiares.
La esperanza de Katelyn empezaba a desvanecerse cuando, sin previo aviso, Alfy gritó: «¡Lo tengo!».
Katelyn abrió los ojos, sorprendida.
Un destello agudo brilló en sus ojos, que se entrecerraron con una frialdad inconfundible.
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