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Capítulo 977:
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Katelyn permaneció callada, con una risa amarga surgiendo en su interior.
Era cierto; muchos la querían muerta.
Aparte de Vincent, apenas quedaba gente normal en su vida.
No pudo evitar preguntarse si habría hecho algo terrible en una vida pasada para merecer todo este dolor ahora.
Vincent ignoró los balbuceos de Langston, su voz fría como el hielo.
«Perder el tiempo no te salvará. Habla o atente a las consecuencias».
Katelyn comprendió al instante lo que Vincent quería decir. Comprendió que si no detenía la hemorragia de Langston, no duraría mucho más, sobre todo porque llevarlo al hospital no era una opción.
No tuvo más remedio que actuar con rapidez.
Los ojos de Langston parpadearon hacia el documento en la mano de Vincent mientras decía: «Espero que cumplas tu promesa».
Vincent no dijo nada, permaneciendo inmóvil, con la paciencia intacta.
Las manos de Katelyn se cerraron en puños y el corazón le latía con fuerza en el pecho. Después de tanto buscar, por fin había aparecido una pista. La reacción de Langston lo decía todo: sabía exactamente quién estaba detrás de todo.
Langston inhaló profundamente, y luego dijo: «La persona detrás de esto es…»
De la nada, dos agudos sonidos mecánicos de alarma perforaron el silencio, resonando en el sótano poco iluminado.
El miedo inundó los ojos de Langston.
Tanto el rostro de Katelyn como el de Vincent cambiaron de expresión, endureciéndose en un instante.
Sin pensarlo, gritó: «¡Hay una bomba!».
En una fracción de segundo, Vincent agarró la mano de Katelyn y gritó: «¡Corre!».
Los acontecimientos se desarrollaron en un abrir y cerrar de ojos.
Justo cuando llegaron a la puerta, Langston intentó gritar.
Un estruendo ensordecedor sacudió el lugar cuando apenas pudo pronunciar una palabra completa, y el edificio se desmoronó instantáneamente en escombros.
El suelo cedió y el polvo se arremolinó en el aire.
Katelyn se atragantó con el polvo espeso y tosió sin cesar. Todo a su alrededor estaba ahogado, los oídos le zumbaban de silencio.
Vincent la rodeó con los brazos y su cuerpo le sirvió de escudo.
El pánico se apoderó de Katelyn mientras se empujaba contra él, con voz frenética mientras preguntaba: «Sr.
Adams, ¿está bien? ¿Está herido?» El pánico se apoderó de Katelyn en ese momento, un nudo apretado se formó en su pecho.
¿Por qué Vincent siempre intervenía para protegerla sin vacilar cuando acechaba el peligro?
Vincent permaneció en silencio, sin mostrar reacción alguna.
«Sr.
Adams, ¿puede oírme?»
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