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Capítulo 932:
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La enfermera, intimidada, se calló rápidamente.
Katelyn había llegado a su límite. Miró a Wrenley con frialdad.
«No hay dinero para ti. Hazte a un lado», ordenó.
Al oír las palabras de Katelyn, Wrenley se enfureció y se abalanzó sobre ella con movimientos amenazadores.
«Niña insolente, ¿cómo te atreves a hablarme así? Te enseñaré los modales que nunca te enseñaron tus padres», gritó.
Katelyn esquivó hábilmente a Wrenley, agarrando la muñeca de Vincent en el proceso.
Si ella no hubiera intervenido, Vincent podría haberles dado una lección de la que se arrepentirían de verdad.
Sin embargo, Katelyn sabía que no debía enfrentarse a gente tan descarada. Una pelea física no serviría de nada; sólo les causaría daño.
Wrenley, al no dar en el blanco, cayó al suelo aullando de dolor.
Allí tumbada, gritó: «¡Que alguien haga algo! Me están atacando. ¿No hay justicia en Granville?»
Katelyn observó a Wrenley desde arriba, con una leve sonrisa en los labios.
No pudo evitar notar el asombroso parecido entre el comportamiento dramático de Wrenley y el de la madre de Marlon.
Se agachó y sus ojos brillaron con burla al ver a Wrenley retorcerse.
«Ya he visto antes este asqueroso acto. Tengo curiosidad por saber qué le pasó al último que lo intentó», bromeó.
Los lamentos de Wrenley cesaron al instante; miró a Katelyn, desconcertada.
«¿Qué les ha pasado?»
Katelyn formó una pistola con la mano y apuntó a la frente de Wrenley.
«¡Bang!» Katelyn dijo con una sonrisa, «Una bala justo en la cabeza».
«¡Tú!» La tez de Wrenley se blanqueó, sus ojos se abrieron de par en par con una mezcla de conmoción e incredulidad.
En ese instante, Wrenley sintió un miedo real, como si una pistola de verdad la estuviera apuntando, a pesar de que la mano de Katelyn estaba vacía.
Una vez calmado Wrenley, Katelyn se levantó para enfrentarse a Zayden. Zayden también pareció conmocionado por sus palabras.
Habiendo pasado toda su vida en un pueblo aislado, las armas de fuego reales estaban más allá de su experiencia habitual.
Zayden trató de recuperar la compostura.
«Katelyn, no creas que nos intimidan tus mentiras. Te lo estoy diciendo, esto no ha terminado.»
Un destello de diversión pasó por los ojos de Katelyn.
«Oh, está lejos de terminar. Y soy consciente de quién te apoya».
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