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Capítulo 929:
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Wrenley alzó la voz, cada vez más aguda y penetrante.
«¿Empujaste a mi hija a saltar de un edificio y afirmas que no tiene nada que ver contigo? ¿Es este el comportamiento típico de los citadinos? En asuntos de vida o muerte, buscar justicia es lo correcto.
Estamos siendo indulgentes al no exigir tu vida a cambio, y aun así te niegas a llegar a un acuerdo.»
La voz de Wrenley cortó el aire de forma tan aguda que hizo que a Katelyn le dolieran los oídos.
En ese instante, notó una similitud entre Wrenley y la madre de Marlon: personas implacables en su búsqueda de dinero.
Katelyn se burló.
«Te he dado mi postura.
Adelante, demande. Incluso puedo sugerirte un buen abogado.
Si te declaran culpable, te indemnizaré».
«¡No asumas que ignoramos la ley! Casi matas a mi hija y debes indemnizarme.
Ese abogado que mencionaste probablemente está conspirando contigo para que puedas evitar el pago. No confío ni en una palabra de lo que dices».
Mientras Zayden gritaba, la puerta del quirófano volvió a abrirse.
Todas las cabezas se giraron cuando Zoey fue sacada suavemente del quirófano en una cama de hospital, todavía somnolienta por la anestesia de la operación.
Su pantalón derecho estaba subido, lo que dejaba al descubierto una abultada escayola que le cubría la pierna.
La voz de Wrenley se elevó de repente en un grito dramático.
«¡Ah! ¡Hija mía!»
Su exclamación sobresaltó a Katelyn y Vincent.
Sorprendido, Zayden se agarró el pecho y espetó: «¿Por qué gritas así, loca? Me has asustado terriblemente. Voy a amordazarte y a ver si todavía puedes gritar».
Wrenley se detuvo inmediatamente.
Con una sonrisa que pretendía encantar, murmuró: «La próxima vez me callaré».
Katelyn se quedó sin habla.
Vincent también luchó momentáneamente por encontrar palabras.
Tras recuperar su aplomo dramático, Wrenley se inclinó hacia Zoey en la camilla y comenzó su actuación.
«Oh, mi querida Zoey, ¿por qué el destino es tan cruel contigo? ¿Cómo pudiste saltar desde tan alto a tan temprana edad? Te he criado durante todos estos años, y ahora nos ocurre esta tragedia. ¿Qué voy a hacer?»
Sus gritos fluctuaban entre lamentos y susurros, casi musicales para quienes no podían captar sus palabras.
Sintiéndose totalmente impotente, Katelyn se apretó las sienes con los dedos.
Antes de que Wrenley pudiera concluir su acto lacrimógeno, Zayden avanzó arrastrando los pies, dispuesto a unirse a la emotiva demostración. Reflejando su tono, dijo: «¡Zoey, mi amada hija! ¿Cómo puedes dejarnos así? Te llevas nuestros corazones contigo».
Sus característicos acentos rurales, combinados con sus dramáticos lamentos, hicieron que la escena resultara ridículamente teatral.
Wrenley marcaba el tono con sus lágrimas, mientras que Zayden se encargaba de los estallidos.
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