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Capítulo 911:
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Una vez intercambiados los números de teléfono, Katelyn salió del baño. Se dio cuenta de que el número de Ashlyn estaba registrado en un país llamado Miexham.
Sophia era lista. Si esta mujer Ashlyn era realmente Sophia, sin duda se daría cuenta de la verdadera intención de Katelyn al ofrecerse a ser su guía. Aun así, era posible que todo formara parte de un movimiento calculado de Sophia. Mantener a Ashlyn cerca era como tener cerca una bomba de relojería.
Cuando Katelyn se acercó a Vincent, la halagüeña multitud que los rodeaba se separó, permitiéndole el paso. Hablando en voz baja, le contó rápidamente a Vincent el incidente del baño.
Vincent frunció las cejas, perplejo, y preguntó: «¿Estás seguro?».
Katelyn asintió con firmeza, con los labios apretados. Cuando estaba a punto de explicarse, se oyó un alboroto al otro lado de la puerta.
«Te dije que estoy aquí para encontrar a mi hermana. Ella está actualmente dentro del salón de banquetes, y tiene mi invitación con ella. ¿Por qué sigues bloqueando mi entrada?»
Los silenciosos murmullos del local se vieron atravesados por una voz rebosante de frustración, que atrajo la atención inmediata de todos los presentes.
La atención de Katelyn se centró en la fuente; sus cejas se fruncieron en señal de preocupación. ¿Zoey? ¿Qué la traía por aquí?
En ese momento, Zoey estaba de pie vestida con un elegante vestido de diseño, su maquillaje impecable, proyectando el aura de una refinada heredera. Sin embargo, la irritación empañaba sus rasgos, por lo demás perfectos. Dirigió una mirada feroz a los guardias de seguridad que obstruían su paso.
«¿Tienes idea de quién soy? ¿Cómo os atrevéis a interponeros en mi camino? Sólo sois guardias, ¿y os atrevéis a rechazar a un invitado?»
Un guardia respondió con irritación: «Por favor, muestre algo de respeto. Nuestras normas son estrictas: sin invitación no hay entrada».
Zoey se mordió el labio, irritada. La anterior advertencia de Katelyn había resultado acertada. Los dramas televisivos y las novelas habían moldeado la percepción que Zoey tenía del mundo de la élite. ¿Por qué las heroínas de esas historias de orígenes humildes encontraban fácilmente su camino hacia la alta sociedad y descubrían a sus verdaderos amores, mientras que ella se quedaba atascada en la entrada?
Vestida como estaba, Zoey se sentía como una de esas verdaderas herederas.
«Si tu hermana está dentro, ¿por qué no la llamas para que saque tu invitación?», sugirió el guardia.
El rostro de Zoey se nubló de frustración. Katelyn ya la había rechazado una vez en su casa. Ese rechazo era la razón por la que se había quedado obstinadamente en la puerta, esperando una oportunidad para colarse.
Vincent, observando en silencio, desvió su aguda mirada de la entrada hacia Katelyn.
«Parece que es la estudiante que estás apoyando».
Katelyn asintió con seguridad, aunque un rastro de impotencia persistía en su voz. «Es ella». Había dejado claros los requisitos del evento a Zoey, que aun así decidió desafiarlos.
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