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Capítulo 894:
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Esto no podía continuar. Si no se detenía a la Organización T, se perderían más vidas. La mandíbula de Katelyn se tensó y un fuego se encendió en su pecho. Ya no se trataba solo de sobrevivir: era la guerra.
Su teléfono sonó en el bolsillo, rompiendo el silencio.
A Katelyn se le cortó la respiración cuando vio que la llamada procedía de un número internacional imposible de localizar. La voz al otro lado era fría y distorsionada, enmascarada por un cambiador de voz.
«¿Ya te sientes impotente, Katelyn? ¿Qué se siente al ver morir a la gente por tu culpa? ¿Sus caras te persiguen cuando intentas dormir por la noche?». La burla en la voz era aguda. Cada palabra calaba más hondo.
En un tejado cercano, Sophia bajó los prismáticos con una sonrisa satisfecha. A través de la lente, había visto cada destello de dolor en el rostro de Katelyn. Para Sophia, ésta era la venganza perfecta: lenta, implacable y profundamente personal.
Los labios de Katelyn se curvaron en una sonrisa amarga mientras hablaba por teléfono.
«Sophia», dijo con tono gélido. «Sé que esto es obra tuya. Debería haberte matado en cuanto tuve la oportunidad».
Todavía se aferraba a los recuerdos de sus días juntos en Pine Mountain, deseosa de descubrir la razón del odio profundamente arraigado de Sophia. Pero distintas cosas parecían detenerla siempre.
La risa burlona de Sophia llegó a través de la línea.
«Siempre has sido demasiado sentimental. No tendrás otra oportunidad. La próxima vez que nos encontremos, me aseguraré de que sea tu cadáver el que yazca en el suelo».
Su tono se volvió afilado, casi cortante.
«Arruinas todo lo que tocas, Katelyn. No has traído más que mala suerte a todos los que te rodean. Deberías haber muerto hace mucho tiempo».
La expresión de Katelyn no vaciló, aunque sus dedos se tensaron en torno al teléfono.
«Un día», dijo en voz baja y firme, «te haré pagar. Cada vida inocente que has tomado será vengada».
La voz de Sofía destilaba burla.
«Estaré esperando.»
La llamada terminó con un chasquido hueco.
Katelyn se quedó mirando su reflejo en la pantalla oscura, con los rasgos dibujados y fríos. Su mirada se desvió hacia la forma inmóvil de Yanis. La duda empezó a invadir la mente de Katelyn. ¿Tenía razón Sophia? ¿Traía la destrucción a todos los que se acercaban a ella?
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el agudo eco de unos pasos apresurados procedentes de la escalera.
Al enterarse de la noticia, Vincent corrió al lugar del accidente y se encontró con la inquietante imagen de Yanis tendido en el suelo, sin vida, y Katelyn cerca de él, con las manos manchadas de sangre. La escena del accidente de coche era inconfundible.
Los ojos de Vincent se oscurecieron y habló en voz baja. «¿Esto es como lo que pasó con Amiri? ¿Un asesinato encubierto silenciando la verdad?»
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