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Capítulo 854:
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Esta afirmación calmó los pensamientos de Katelyn, antes inquietos. Aunque poseía un corazón rebosante de compasión, reconocía sus límites a la hora de aliviar el dolor. Esta comprensión había confinado sus pensamientos, pero ahora encontraba consuelo y liberación.
La crisis inmediata se había controlado. Cuando cesaron los disparos, Katelyn se apresuró a prestar los primeros auxilios a los heridos, reteniendo la sangre y tranquilizándolos. Poco después, las ambulancias se llevaron a los heridos mientras los profesionales médicos se hacían cargo.
Durante esto, una joven que había estado llorando se acercó a Katelyn. Tenía la cara manchada de la sangre de su padre, pero su mirada y su tono transmitían una inmensa gratitud. «Señorita, gracias. Su amabilidad no será olvidada».
Katelyn se arrodilló para mirarla a los ojos y le alborotó el pelo. «Tu padre estará bien».
Con un gesto de seguridad, la chica corrió hacia la ambulancia.
Katelyn observó cómo se alejaba la ambulancia, afirmando en voz baja para sí misma: «Todos se pondrán bien». El antaño lujoso restaurante yacía ahora en desorden. Después de la confusión, Hades finalmente salió de donde se había escondido.
Al verla, la mirada de Vincent se volvió aguda y penetrante. Ahora estaba convencido sin lugar a dudas de que ese tal Hades era un impostor.
Katelyn se masajeó las sienes, sintiendo que le dolía la cabeza. Cómo había podido pasar por alto este problema?
La mirada de Vincent estaba cargada de sarcasmo cuando se dirigió a Hades, diciendo: «¿Te importaría explicar tu comportamiento de antes?».
Las manos de Hades se cerraron en puños y su voz se tensó al responder: «¿Qué explicación hace falta? Cuando me acechó el peligro, actué por instinto para protegerme. ¿Hay algún fallo en ello? Mientras todos os apresurabais a ayudar a los demás, ¿qué pasaría si el tirador siguiera cerca y se produjeran más disparos? ¿Qué pasaría entonces?». Inhaló bruscamente, con los ojos fijos en Vincent. «Sólo porque soy médico, ¿me obliga eso a desatender mi propia seguridad en situaciones peligrosas? ¿Y si me alcanza una bala? ¿Quién se responsabilizaría de mí entonces?»
Con cada palabra, el tono de Hades se volvía más firme. Dijo con firmeza: «La autopreservación debe ser lo primero. Reconozco mi falta de heroísmo y valor, pero ¿es eso intrínsecamente malo?».
Katelyn se quedó sin palabras. Objetivamente, Hades no se equivocaba. La amenaza de que los atacantes volvieran era real. Optar por la seguridad no era un error. La decisión de Katelyn de ayudar era suya, no una norma que imponer a los demás. Ella no podía culpar a otros por carecer del mismo impulso.
La expresión de Vincent se hizo más profunda, revelando una mezcla de emociones. Ahora comprendía el marcado contraste entre el imitador y el verdadero Hades. Sus diferencias iban más allá de la mera personalidad y se extendían a su enfoque fundamental del deber médico. Estaba seguro de que el verdadero Hades se habría unido a Katelyn en la refriega para ayudar a los heridos, sin pensárselo dos veces.
Su voz resonó profundamente. «En efecto, no hiciste nada malo».
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