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Capítulo 852:
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«He llamado a la policía y a una ambulancia, pero no llegarán hasta dentro de treinta minutos por lo menos», resonó una voz llena de impotencia mientras miraban las heridas de bala del hombre, sin saber qué hacer.
Vincent miró a Hades, que instintivamente dio un paso atrás, su miedo evidente.
«¡No!»
El miedo se apoderó de Hades mientras retrocedía paso a paso. El aire, cargado de olor a sangre, le revolvía el estómago. Los ojos de Vincent se clavaron en ella, escalofriantes y sin pestañear.
«Eres médico, ¿no? Seguro que al menos puedes controlar una hemorragia básica».
Los ojos de Katelyn se entrecerraron de asombro; no había imaginado enfrentarse a algo así hoy. Rápidamente, corrió al lado de Hades, con voz tranquila pero firme.
«Me quedaré cerca para protegerte de cualquier bala perdida. Tienes que ayudarles con los primeros auxilios ahora».
La ambulancia no llegaría hasta dentro de treinta minutos. Si las heridas se trataban rápidamente, aún había esperanzas de sobrevivir.
Incluso con las reconfortantes palabras de Katelyn, Hades seguía echándose hacia atrás, con la cabeza temblando de miedo.
«No puedo», murmuró Hades, con la voz temblorosa.
Katelyn la miró, atónita por la respuesta, y volvió a preguntar: «¿Qué te lo impide?».
Katelyn decidió quedarse al lado de Hades. Si algo se ponía demasiado difícil, ella intervendría para ayudar. En este momento, esta mujer estaba fingiendo ser Hades, un médico altamente cualificado, pero ni siquiera podía controlar una hemorragia básica. ¿No era esto arriesgar la verdad sobre quién era realmente?
Cada segundo contaba, y salvar vidas tenía que ser lo primero. Katelyn no podía permitirse pensar en su propia tapadera ahora mismo. Apretó la mandíbula y corrió hacia la persona más cercana alcanzada por una bala.
Vincent lanzó a Hades una mirada fría y carente de emoción antes de seguir a Katelyn sin vacilar.
La mujer de mediana edad, que seguía sollozando desconsoladamente, vio acercarse a Katelyn y se agarró a ella como si fuera su única oportunidad. Su voz se llenó de desesperación mientras suplicaba: «¿Es usted médico? Por favor, tiene que salvar a mi marido».
Mientras Katelyn examinaba las heridas de bala del hombre, negó lentamente con la cabeza. «No soy médico, pero puedo hacer algunos primeros auxilios básicos para detener la hemorragia».
La escena se desarrolló en el interior de un restaurante, sin suministros médicos a la vista. Katelyn se quitó rápidamente el abrigo y le temblaban las manos al intentar rasgarlo en tiras para vendar la herida y frenar la hemorragia. El tiempo apremiaba. Si conseguía frenar la hemorragia, aún tendría esperanzas de sobrevivir.
Katelyn forcejeó con el abrigo, pero su fino material resistió sus esfuerzos, negándose a rasgarse por mucho que tirara.
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