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Capítulo 800:
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«Hades ya me ha proporcionado un plan de dieta completo. Me aseguraré de prepararte comidas sanas en los próximos días», dijo Katelyn.
«No hace falta que te tomes tantas molestias. Puedo contratar fácilmente a un nutricionista. Deberías centrarte en cuidarte», respondió Vincent. Su mirada se suavizó con preocupación al notar cuánto peso había perdido Katelyn desde la enfermedad de Carol. Su cuerpo parecía más delicado que nunca, casi como si un ligero viento pudiera hacerla caer.
Katelyn negó lentamente con la cabeza, con expresión firme. «No es un problema. Yo me ocuparé de ello. Acabaste así por mi culpa».
Vincent no discutió la determinación de Katelyn. La habitación había quedado en silencio después de su conversación, pero el silencio se sentía cómodo, no tenso. Katelyn ya había empezado a concentrarse en los bocetos del diseño, mientras que Vincent estaba enfrascado en sus tareas pendientes. Aunque compartían el mismo espacio, ninguno de los dos interrumpía al otro, cada uno absorto en su trabajo, creando una armonía pacífica y tácita.
De vez en cuando, sus miradas se cruzaban y, en esa breve conexión, encontraban una tranquila sensación de paz. Pero entonces, el silencio se rompía con el sonido de pasos apresurados y una fuerte llamada.
«¡Katelyn, muéstrate!» La cabeza de Katelyn se levantó, sus ojos se entrecerraron alerta.
Katelyn conocía demasiado bien esa voz. ¿Podría Sharon haberse enterado de que habían golpeado a Lise y la habían llevado al hospital sólo para crear problemas? Cuando Katelyn abrió la puerta, se encontró con la ardiente mirada de Sharon.
«¡No puedo creer que tuvieras el descaro de romperle la muñeca a Lise!» gruñó Sharon, con la cara roja de rabia.
Esa exasperante Katelyn. Sharon no podía creer que, una y otra vez, Katelyn hubiera apuntado a Lise como si no tuviera a nadie que la protegiera.
Katelyn se enfrentó a la mirada de Sharon con serenidad y una sonrisa fría se dibujó en la comisura de sus labios. «Esto es un hospital. Aquí hay gente que necesita descansar. Te sugiero que bajes la voz».
«¡No te atrevas a hablarme así!» Sharon estalló, su furia sólo crecía.
Katelyn solía aguantar en silencio, siempre optaba por permanecer callada y pasiva ante los conflictos. ¿Qué había cambiado ahora?
«Quiero que te disculpes con Lise en este instante. Ponte de rodillas y discúlpate como es debido, o te juro que no me culpes por romperte las piernas». Las palabras de Sharon goteaban malicia.
Los ojos de Katelyn brillaron con frío desafío mientras replicaba: «Eso nunca va a pasar».
Su respuesta fue tajante e inquebrantable.
«Si sigues armando jaleo, no dudaré en llamar a seguridad».
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