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Capítulo 775:
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«¡Tú!» Kristina se quedó sin habla. Su mente se quedó en blanco, un solo pensamiento resonaba en su cabeza: todo había terminado.
«Esta transacción procedía de un banco extranjero», añadió Katelyn, con voz tranquila pero implacable.
«Si estás dispuesta a revelar quién está detrás, te daré una oportunidad», dijo Katelyn, con tono firme.
Kristina se desplomó en una silla, con el rostro inexpresivo. Se sujetaba la cabeza con las manos, con los pensamientos desordenados. «No sé quiénes son. Se pusieron en contacto conmigo por correo electrónico. Me prometieron quinientos mil si añadía la droga a la medicación de la señora Wheeler. Me… me cegó la codicia. Nunca había visto tanto dinero». Sus palabras sonaron como una confesión.
Magda, tras un momento de silencio atónito, se volvió hacia Kristina, con los ojos llenos de decepción. «¿Cómo has podido ser tan tonta? Confiaba en ti. ¿Cómo has podido hacer esto?»
Kristina sollozó, sacudiendo la cabeza. «Sé que me equivoqué. Fue sólo un momento de debilidad. Ahora lo admito todo. Sólo quiero una oportunidad para hacer las cosas bien».
Se volvió hacia Katelyn, suplicando desesperadamente. «Te diré todo lo que sé. Por favor, dame una oportunidad».
Katelyn negó lentamente con la cabeza, con la mirada fría e inflexible. Podía ver a través de las intenciones de Kristina. Esas súplicas desesperadas no estaban motivadas por el remordimiento, sino por el miedo. Kristina había estado tan segura de que se saldría con la suya, que por eso se había atrevido a ser tan codiciosa. Ahora que sus acciones habían quedado al descubierto, sus gritos de perdón parecían vacíos.
«La ley te hará responsable», dijo Katelyn con frialdad. «Guarda esas lágrimas para el juez».
«Ahora, dame todos los registros y contactos que tengas con esta persona. Si puedo rastrearlos, tal vez considere hablar en su nombre en la corte».
Con lágrimas en los ojos, Kristina le entregó rápidamente a Katelyn todos los registros del chat. Pero cuando Katelyn los revisó, su expresión se ensombreció. Tenía la esperanza de haber atrapado a Kristina a tiempo para descubrir la verdad, pero el cerebro detrás de todo esto era mucho más astuto de lo que había previsto.
El correo electrónico utilizado para contactar con Kristina era una cuenta ficticia. Tras enviarle instrucciones y manipularla, la persona se había limitado a desactivarla. Rastrearlos a través del correo electrónico era ahora imposible. Además, la cuenta se había rastreado hasta una ubicación extranjera, lo que enfriaba aún más el rastro.
El corazón de Katelyn se hundió. La pista no había ido a ninguna parte.
Ya no le hacía caso a Kristina. Antes de enfrentarse a ella, Katelyn ya había llamado a la policía. Ahora, Kristina tendría que afrontar las consecuencias de sus actos.
La mente de Katelyn se sentía enredada, como un ovillo de hilo anudado. Para aclarar sus pensamientos, decidió dar un paseo. El hospital tenía un pequeño y tranquilo jardín en la parte trasera. Era otoño y, aunque las flores eran escasas, el lugar conservaba una belleza apacible.
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