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Capítulo 738:
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El precio de la hierba se disparó, multiplicando por quince su puja original, dejando la sala en un pesado silencio lleno de reacciones encontradas. El mero hecho de ser invitado a esta subasta era una marca de prestigio, una oportunidad de codearse con la élite. Sin embargo, cuando comenzó la puja, se reveló la verdadera situación económica de cada uno de los asistentes.
Sesenta millones fue el punto de inflexión. Luego saltó a cien millones. En ese momento, Vincent y Langston se situaron claramente por encima del resto.
Una vez más, todas las miradas se dirigieron a Katelyn.
«¡Ciento sesenta millones!» dijo Katelyn, con voz firme pero suave. Agarró la paleta con fuerza, con la mirada firme. Esta era probablemente su última oportunidad de conseguir la hierba, y no se echaría atrás, sin importar el precio.
Una chispa de diversión creció en los ojos de Langston. Las cosas se estaban volviendo cada vez más intrigantes.
«¡Trescientos millones!», gritó.
Su oferta sumió a la sala en un tenso silencio, seguido de suaves jadeos mientras la gente reaccionaba conmocionada.
La expresión de Katelyn se complicó. Como era de esperar, Langston era su competidor más duro en esta subasta.
Entonces, de la nada, Vincent, que aún no había pujado, hizo un movimiento sorprendente que dejó atónitos a todos.
Los tres dedos de Vincent se levantaron, con el anular y el meñique doblados hacia dentro, indicando una puja audaz y segura. Este simple gesto dejó a toda la sala estupefacta, incluido el subastador, que parecía visiblemente aturdido. Hacía años que un pujador tan dominante no adornaba la casa de subastas.
Katelyn miró a Vincent con expresión confusa. Desconocía las reglas de la casa de subastas y el significado del gesto de Vincent. Sin embargo, la expresión de Langston se endureció, e inmediatamente dio instrucciones a la persona que estaba a su lado.
«Averigua quién es realmente ese hombre».
¿Quién se atrevería a hacer un gesto así en una subasta tan prestigiosa?
Tras un momento de silencio, el subastador recuperó la compostura, con la voz teñida de emoción.
«Señoras y señores, este caballero ha hecho una oferta imbatible. De ahora en adelante, no importa lo alto que suban las ofertas, él siempre subirá el precio.»
El rostro de Vincent permaneció impasible, su mirada fría recorrió la sala. Después de todo, esto era Granville, un lugar donde muchos le conocían. A medida que se fue reconociendo, el asombro inicial del público se transformó en gestos de comprensión. Algunos incluso murmuraron: «Como era de esperar del Sr. Adams, siempre tan decidido».
La dinámica de la subasta había cambiado claramente. Ahora, sólo Vincent y Langston quedaban como competidores serios.
El subastador, mirando hacia Langston con expectación, anunció.
«Señor, ¿quiere seguir pujando? El precio está ahora en trescientos millones cien mil».
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