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Capítulo 731:
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Cuando terminó de cambiarse, Katelyn volvió al hospital. Neil seguía en la habitación, pero ahora Lise estaba con él. Aferrándose a los acontecimientos de aquella mañana, Lise miró a Hades con irritación.
Preguntó: «¿No le habían hecho ya un chequeo a Carol antes? ¿Por qué has vuelto?»
Katelyn la ignoró por completo, negándose siquiera a mirarla, y volvió su atención hacia Neil. Llevaba un botiquín en la mano.
«Tu madre me pidió que te examinara las piernas», me explicó.
Si sólo hubiera sido por la petición de Mabel, Katelyn quizá no habría acudido. Sin embargo, ella misma también tenía la intención de averiguar qué le pasaba realmente a las piernas de Neil.
Neil se reclinó en su silla de ruedas. Sus ojos carecían de calidez.
«No lo necesito. Soy consciente de mi estado».
«Esto es algo que pidió tu madre», contestó Katelyn, frunciendo el ceño mientras hablaba en voz baja. «Si no querías que te ayudara, deberías haber hablado con tu madre».
Dejó el botiquín sobre la mesa y fijó su mirada en Neil.
«¿Quieres mi ayuda o no?»
Neil mantuvo su semblante severo y respondió: «No. Tu única responsabilidad ahora es mi abuela».
Katelyn apretó con fuerza los puños y permaneció en silencio. Si pretendía revisar las piernas de Neil, necesitaba su permiso. Sin embargo, teniendo en cuenta su postura actual, no había lugar a más discusiones. Para alcanzar su objetivo, tal vez tuviera que pedirle a Mabel que persuadiera a Neil.
Mientras Katelyn reflexionaba sobre su próximo movimiento, la puerta de la habitación se abrió bruscamente y entró Mabel. Lo había escuchado todo desde el otro lado de la puerta. ¿Cómo podía Neil no aprovechar una oportunidad tan favorable para recuperarse?
Neil, por favor, deja que el doctor Hades te examine las piernas. Todavía puede haber un rayo de esperanza para que vuelvas a andar. Eres demasiado joven para pasarte toda la vida en una silla de ruedas». Su voz rebosaba tristeza mientras hablaba. Neil era su único hijo querido. Antes estaba lleno de energía, pero ahora ni siquiera podía levantarse solo. Cuando Mabel se enteró del accidente de Neil, su angustia la hizo desmayarse.
Neil frunció el ceño.
«Mamá, entiendo mi propia condición. He aceptado que usaré una silla de ruedas el resto de mi vida».
Al oír esto, Lise apartó la mirada. Si Neil se recuperaba, ya no tendría que soportar las burlas de la gente. Aunque siempre fingía estar profundamente enamorada de Neil, se preguntaba constantemente si debía dejar a ese tullido.
A continuación, se unió al debate.
«Neil, no digas esas cosas. ¿Te das cuenta de cómo habla la gente de ti ahora? Si hay una oportunidad de mejorar, ¿por qué no la aprovecharías?»
En ese momento, Lise miró hacia Katelyn.
Apenas pudo reprimir su ira, porque ahora mismo necesitaban su ayuda.
«Dr. Hades, ¿hay realmente una manera de curar las piernas de Neil?»
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