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Capítulo 720:
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Masajeándose el cuello rígido, Katelyn respondió con voz grave: «Estuve despierta hasta tarde preparando y consiguiendo medicinas para la señora Wheeler».
La interrupción de su sueño dejó a Katelyn inquieta.
A la hora de fabricar una mentira, era vital mantener un comportamiento relajado y natural para que pareciera creíble. Tenía que sumergirse por completo en la historia que estaba contando para que resultara convincente.
Una mirada decidida cruzó el rostro de Vincent mientras se levantaba. «Asegúrate de descansar», dijo antes de darse la vuelta para marcharse.
«De acuerdo», respondió Katelyn, y salió de la habitación.
Una vez que se hubo ido, Katelyn exhaló profundamente, aliviada por haberse librado de la atmósfera opresiva. La presencia de Vincent siempre había sido intimidante.
Después de terminar su vaso de agua caliente, Katelyn salió para comprobar la recuperación de Carol. Después de la operación, la habían trasladado a una sala para vigilarla de cerca.
Neil también estaba allí, sentado en su silla de ruedas, con los ojos fijos en Carol con una intensidad que parecía inquebrantable.
El diagnóstico era ahora claro: los vómitos de sangre negra de Carol habían sido causados por envenenamiento. A pesar de la gravedad de la situación, a Neil le costaba creer que Katelyn pudiera estar implicada. Su creencia en su inocencia no se basaba en pruebas, sino en una corazonada, una confianza instintiva de la que no podía deshacerse.
Katelyn llamó ligeramente a la puerta antes de entrar en la sala, tras recibir el permiso de Neil. Primero evaluó el estado de Carol y luego comprobó los monitores que registraban sus constantes vitales.
Ver que todo se había estabilizado le produjo una sensación de alivio.
«La Sra. Wheeler ya no corre peligro inmediato. Solo necesita descansar y prepararse para la próxima operación», explicó Katelyn.
Neil la observó atentamente, y un destello de algo familiar volvió a agitarse en su interior.
«En realidad, tengo una pregunta para usted…», dijo, con la voz cargada de curiosidad.
Katelyn levantó la vista, con una expresión de confusión e incredulidad, mientras se esforzaba por comprender la situación. Clavó los ojos en Neil, buscando desesperadamente claridad.
«¿Qué pasa?», preguntó.
«¿Cómo se envenenó mi abuela Gratis justo después de tu tratamiento? ¿Estás seguro de que la medicina que le diste era segura?»
La actitud de Neil cambió; su mirada se volvió gélida, sus palabras cortantes y acusadoras. Era consciente de la profunda lealtad de Katelyn hacia Carol, lo que le hacía querer confiar en ella a pesar de sus crecientes dudas. Sin embargo, alguien tenía que ser el responsable, y ahora todas las pruebas apuntaban hacia Hades, el sanador de amplia confianza.
Katelyn sabía que este enfrentamiento era inevitable. Con una mirada tranquila e intensa, se encontró con la mirada de Neil, una sonrisa de satisfacción apenas visible en sus labios.
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