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Capítulo 685:
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«Estás soñando», replicó Katelyn sin vacilar. «Mi abuela me confió esa tierra y pienso honrar esa confianza».
Katelyn era plenamente consciente de que, sin la intromisión de Lise, Carol no se habría sentido tan decepcionada y probablemente el terreno habría caído en manos de Neil. Sin embargo, gracias a sus recientes y vergonzosas acciones, Carol había perdido toda confianza en ellos.
«Lise, no estoy de humor para discusiones. Apártate de mi camino». Su voz era frígida.
Katelyn se esforzó por ocultar la tormenta de emociones que llevaba dentro, pero Lise vio la urgencia en sus ojos.
La sonrisa de Lise se ensanchó, saboreando claramente la incomodidad de Katelyn. Disfrutaba viendo a su antigua rival retorcerse, sintiendo que por fin tenía a Katelyn justo donde quería.
«Esta es la finca de la familia Wheeler», respondió Lise con mordaz sarcasmo. «¿Dónde debo ir exactamente?»
Observó la zona burlonamente. «No hay mucha gente cerca para presenciar esto, Katelyn. Deja de fingir. Sólo te acercaste a Carol por esa tierra, ¿no?»
Si Carol no hubiera hablado abiertamente del terreno, Katelyn habría ignorado por completo su existencia.
Las manos de Katelyn se cerraron en puños, desbordando su furia.
Por tercera vez, exigió: «¡Apártate!».
se burló Lise, escrutando la zona con la mirada. «¿Dónde están los guardias de seguridad? Venid a encargaros de esta mujer problemática».
En unos instantes, varios guardias se abalanzaron sobre ellos, porras en mano. Rápidamente formaron un estrecho círculo alrededor de Katelyn.
Con una sonrisa de suficiencia, Lise siguió observando, segura de que tenía las de ganar.
Mabel observó atónita cómo Katelyn pasaba a toda prisa junto a ella, soltando un grito desgarrador que resonó en el aire. Sin embargo, Katelyn, en su frenética carrera, apenas reconoció a Mabel o la conmoción que había causado. Estaba imperturbable, resuelta en su concentración.
En aquel momento, todas las distracciones parecían insignificantes para Katelyn; su única preocupación era Carol. Ella era lo único que más le importaba.
La habitación de Carol estaba en el tercer piso. Sin vacilar, Katelyn subió las escaleras con notable rapidez, impulsada por su determinación.
Cuando por fin llegó a la habitación, el corazón le dio un vuelco. Carol yacía inconsciente en la cama, con una quietud inquietante. Un pesado silencio llenaba el espacio, amplificando la tensión en el aire.
El médico de familia, brevemente aturdido por la repentina llegada de Katelyn, se esforzó por procesar la situación. Su voz temblaba de incredulidad mientras intentaba comprender la gravedad del momento.
«Sra. Wheeler, ¿qué está haciendo aquí?»
Katelyn había pasado mucho tiempo en la residencia Wheeler y, con los años, se había convertido en una presencia familiar en su hogar.
«¿Qué está pasando con su salud?» preguntó Katelyn, con la voz llena de urgencia.
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