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Capítulo 666:
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Katelyn se giró rápidamente y sus ojos se clavaron en el interlocutor. Era una mujer, con el rostro nervioso, casi como si no quisiera verse involucrada. Esta mujer no había formado parte del grupo que se había enfrentado a Katelyn antes; debía de estar observando desde una distancia prudencial.
El rostro de Kassandra se iluminó con una repentina sonrisa de satisfacción. Su voz estaba llena de socarrona satisfacción.
«¡Date prisa! ¡Enséñales las pruebas que tienes!»
Luego miró a Katelyn, desafiándola a negarlo. «Con todas estas pruebas y todo el mundo mirando, vamos a ver cómo tratas de explicar tu salida». Kassandra prácticamente brillaba de suficiencia. Lo había planeado desde el principio. Cuando le tendió una trampa a alguien para que atacara a Katelyn, se aseguró de que se grabara un vídeo, dispuesta a destruir la reputación de Katelyn de una vez por todas.
Ahora, ese plan estaba encajando a la perfección. La mujer, con las manos temblorosas, sacó su teléfono y mostró la pantalla a la multitud. La foto era clara: Katelyn agarraba el brazo de Kassandra y la sujetaba sobre la cubierta.
Una oleada de conmoción recorrió a la multitud. Nadie esperaba que Katelyn llegara tan lejos. Por pura rabia, había colgado a Kassandra boca abajo.
Katelyn entrecerró los ojos y se centró en la mujer del teléfono. Recordaba vagamente a alguien haciendo fotos desde un lado cuando la estaban rodeando. Estaba claro que esa persona trabajaba mano a mano con Kassandra.
Aunque aparecieran pruebas, sólo reforzarían el caso de Kassandra.
Con una chispa de excitación, Lise se inclinó hacia ella, entrecerrando los ojos. «Katelyn, ¿aún te niegas a reconocer tu error? Es tu última oportunidad. Si confiesas, puede que te deje libre. Pero si no lo haces, no digas que no te advertí de mi ira».
Fuera como fuese, un gesto de Katelyn significaría su culpabilidad. E incluso si Lise decidía no seguir adelante con el asunto, Kassandra se aseguraría de que Katelyn pagara el precio.
Los ojos de Katelyn parpadearon con desdén y sus palabras cortaron la tensión, dejando a Lise momentáneamente sin aliento por la ira.
«¿Qué conexión tenemos? No te hagas ilusiones».
En un instante, la rabia de Lise se encendió.
«¿Qué? Si eres tan terco y crees que eres inocente, no me culpes por lo que pase después. Una vez que lleguemos a la orilla, me aseguraré de llamar a la policía».
Al ver que la situación se agravaba, Jaxen intervino con una carcajada, con la esperanza de aligerar el ambiente.
«Vamos, es sólo una pequeña discusión. ¿Realmente necesita escalar así? Piensa en ello como un baño gratis en el mar. Ve a cambiarte de ropa primero, y tendré algo de sopa caliente lista para ti».
Pero el intento de humor de Jaxen no hizo más que avivar aún más la ira de Kassandra y Lise.
Habían sido arrojados al mar, aferrándose a la vida, ¿y él lo llamaba una pequeña discusión como si nada? ¿Un baño gratis?
¿Cómo podía Jaxen ser tan parcial hacia Katelyn? ¿Era posible que sintiera algo por ella que no estaba admitiendo?
Los fríos ojos de Vincent escrutaron a las dos mujeres como si fueran presas. Una pertenecía a la familia Bailey, la otra a la familia Mason.
Cuando llegaran a tierra firme, ajustaría cuentas.
«A veces, es mejor dejar pasar las cosas por tu propio bien. ¿No lo creen, Srta. Bailey, Srta. Mason?» La voz de Vincent era tranquila, pero había un peso detrás de sus palabras que las inquietaba.
En ese momento, tanto Lise como Kassandra percibieron una amenaza real en su presencia.
La expresión de Vincent era una advertencia apenas velada: si no cooperaban, las consecuencias serían graves.
Lise, aun empapada y tiritando, se negó a cambiarse de ropa, decidida a hacer pagar primero a Katelyn.
Pero ante la autoridad de Vincent, dudó antes de hablar.
«Sr. Adams, por favor no me malinterprete. Intento darle una lección a Katelyn para que no vuelva a cometer estos errores. Esto es serio; se trata de la vida de personas».
Vincent la miró sin inmutarse.
«Y no estás muerto, ¿verdad?»
Sus contundentes palabras arrojaron un pesado silencio sobre la cubierta, sorprendiendo incluso a Katelyn, que parpadeó sorprendida. No era habitual que Vincent hablara tan directamente.
A Jaxen también le pilló desprevenido.
Conocía a Vincent desde hacía años como alguien que mantenía sus emociones bajo control. Era la primera vez que le oía hablar con tanta agresividad.
La implicación era clara: sólo si Lise moría, Katelyn tendría consecuencias.
La naturaleza protectora de Vincent era inconfundible.
Jaxen no pudo evitar admirarlo en silencio.
¡Qué regreso tan excepcional!
Vincent hacía honor a sus valores.
Cuando se enfrentaba a mentiras y al trato injusto de aquellos a los que cuidaba, todas las reglas y principios podían dejarse de lado. Proteger a los suyos era el único principio que realmente importaba.
Lise se quedó sin habla y, justo entonces, se oyó el ruido de una silla de ruedas.
«Sr. Adams, ¿está amenazando a mi prometida?»
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