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Capítulo 590:
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Los ojos de Katelyn eran difíciles de leer, como si contuvieran demasiados pensamientos a la vez. ¿Qué podía decir ahora? Vincent ya lo había descifrado todo. Por mucho que ella intentara negarlo, no cambiaría nada.
Además, Alfy ya era un enorme manojo de sospechas. A veces, no decir nada era la mejor respuesta. Ahora mismo, el silencio de Katelyn hablaba más alto que cualquier palabra. Bajó la mirada brevemente, algo ilegible pasó por sus ojos.
«Así que lo descubriste rápido», dijo.
Vincent no sintió ningún alivio al oírla admitirlo. En su lugar, todo lo que vio fue la amargura en sus ojos.
Llevaba mucho tiempo guardando este secreto. Tenía que haber algún tipo de dolor detrás.
«Sabes, hay momentos en los que podrías elegir confiar en mí. Te ayudaría a lidiar con tus problemas», dijo Vincent.
Las uñas de Katelyn presionaron sus palmas con tanta fuerza que un calor se extendió por allí, la sensación de su propia sangre filtrándose bajo sus dedos.
Su voz temblaba, cargada de emoción. «Pero no puedo arriesgar la vida de mi amo».
Este era el maestro que la había traído a este mundo, que le había enseñado todo.
Era un alma vieja y gentil.
Y ahora, por su culpa, había sido capturado, reducido a un peón en el juego de otra persona, obligado a seguir todas sus órdenes.
Si no cumplía, si no seguía todas las instrucciones de la misteriosa figura, su amo sufriría. No darle de comer era el menor de los castigos.
Pero ya estaba muy frágil.
Todo fue culpa suya.
La culpa y la autoinculpación de Katelyn la carcomían constantemente.
Si tan sólo no hubiera ganado el primer puesto en ese concurso mundial de piratería informática; si tan sólo no hubiera llamado la atención de la misteriosa figura, tal vez su amo no se hubiera visto arrastrado a esta pesadilla.
La culpa la carcomía, sin darle ni un momento de paz.
Vincent exhaló un suspiro tranquilo.
Podía ver cuánto luchaba Katelyn por dentro.
«Pero con algo tan grande, ¿por qué no acudiste a mí? ¿Por qué no se te ocurrió pedirme ayuda?», preguntó. Era una pregunta que siempre le intrigaba. Después de todo lo que habían pasado juntos, ¿no se había ganado ya su confianza?
La voz de Katelyn era áspera, apenas por encima de un susurro.
«Esta persona me conoce por dentro y por fuera. Me dijo que si se lo contaba a alguien, mi amo sufriría. No te lo oculté a propósito, pero simplemente no puedo dejar que mi amo sufra por mi culpa».
Las palabras rompieron algo en su interior, y las emociones que había enterrado durante tanto tiempo por fin se desbordaron.
Cada vez que veía esos crueles vídeos de su amo siendo torturado, la culpa la desgarraba más, recordándole una y otra vez que todo era culpa suya.
También se odiaba por no haber sido capaz de defenderse. Años de ser controlada, y todavía no había encontrado ni una sola pista sobre quién era realmente esa misteriosa persona. Todo el mundo admiraba la increíble destreza de TS, el genio hacker. Pero sólo Katelyn sabía que era más bien una cadena de la que no podía escapar.
Una sombra parpadeó en los ojos de Vincent.
Se acercó y le puso una mano en el hombro. El gesto era más que amistoso: era el mayor consuelo que podía darle.
«No tienes que cargar con esto tú solo. Te ayudaré a encontrar la forma de salvar a tu amo», dijo.
La forma en que la miraba, con ojos firmes y llenos de promesas, lo decía todo. Su mensaje era claro: pasara lo que pasara, podía confiar en él y apoyarse en él. Para Katelyn, Vincent siempre había sido ese puerto seguro cuando todo lo demás se desmoronaba.
Sus ojos temblaron al encontrarse con los de él, y sintió que las grietas en los muros que había construido alrededor de su corazón se ensanchaban un poco más.
Vincent nunca hacía promesas vacías. Le demostró una y otra vez que era alguien en quien podía confiar.
Lentamente, una leve sonrisa se dibujó en los labios de Katelyn. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que se le quitaba un peso invisible de encima.
Llevar el peso solo era agotador, pero compartirlo, aunque sólo fuera un poco, lo hacía más llevadero.
«Gracias, Sr. Adams.»
«No hay necesidad de formalidades. Somos más que amigos, somos camaradas», responde Vincent.
Era el tipo de vínculo que se forja en la batalla, en el que puedes confiar en que el otro te cubrirá las espaldas sin pensarlo dos veces. Katelyn asintió con firmeza, y su voz se suavizó con una facilidad recién descubierta.
«Gracias.
Sus miradas se cruzaron en un intercambio silencioso de confianza y comprensión.
En ese momento, sintieron como si el mundo a su alrededor se desvaneciera, dejando sólo sus reflejos en la mirada del otro. El tiempo parecía haberse detenido. Todo lo demás se difuminó en el fondo, como si ya no importara y sólo existieran ellos dos.
El aire entre ellos se calentó, se formó una sutil tensión, como si surgieran delicadas burbujas de algo no dicho, algo romántico.
Y entonces, de la nada, una voz incómoda rompió el momento.
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Nota de Tac-K: Pasen una muy agradable noche lindas personitas, Dios les ama y Tac-K les quiere mucho. (ɔO‿=)ɔ ♥
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