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Capítulo 577:
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«¿Hackeaste el sistema Cloud y desactivaste las bombas?»
La pregunta de Vincent a Katelyn tenía un tono de certeza, aunque estaba formulada como una pregunta.
Si Vincent no hubiera sabido que la amenaza de bomba fue neutralizada, no se hubiera atrevido a enfrentar a HolderÜ tan audazmente. La situación era demasiado peligrosa para que actuara de otra manera.
Jaxen, al oír la conversación, se dio una palmada en el muslo y expresó sus sospechas preguntando: «Espera, ¿qué ha pasado con las bombas? ¿Por qué no explotaron?». Katelyn disimuló rápidamente su nerviosismo y dio su ensayada explicación.
«En realidad, fui el primero en detectar la amenaza de bomba. En cuanto me di cuenta de que se controlaba a través de la Nube, llamé inmediatamente a Alfy para que me ayudara a piratear el sistema». Su explicación fue impecable.
Un brillo agudo apareció en los ojos de Vincent.
Creía que cuando se acumulaban demasiadas coincidencias, dejaban de serlo. La reciente serie de incidentes no hacía sino alimentar sus sospechas.
Sin embargo, la negativa de Katelyn significaba que no insistiría más en el tema.
Era su decisión revelar o no la verdad.
Ajeno a las implicaciones más profundas, Jaxen respondió con entusiasmo: «Así que Alfy fue quien nos sacó de aquel lío. Nos salvó la vida a todos. Le debo un agradecimiento personal».
Su sonrisa reflejaba su impaciencia por aprovechar la ocasión para acercarse a Alfy.
Katelyn miró a Jaxen con un deje de severidad.
«Alfy es inocente. No sé por qué estás tan ansioso por acercarte a ella, pero será mejor que limpies tus actos. Deja tus maneras de playboy antes de hacer cualquier movimiento».
Jaxen era conocido por cambiar frecuentemente de novia.
Katelyn no habría estado tan preocupada si Alfy tuviera más experiencia, pero la inocencia de Alfy la hacía vulnerable. Simplemente no quería verla herida.
Sin embargo, Jaxen ignoró su advertencia con un gesto despreocupado de la mano.
«No te preocupes. Sé que Alfy es diferente a los demás. No haría nada para hacerle daño».
La expresión de Katelyn se tensó, sus ojos contenían una advertencia tácita.
Aunque mantenía una buena relación con Jaxen, Katelyn sabía que no dudaría en ser despiadada si le hacía daño a Alfy.
Durante toda la conversación, la penetrante mirada de Vincent permaneció fija en Katelyn.
«Es cierto que esta vez le debemos una grande a Alfy. Debemos agradecérselo personalmente».
Katelyn respondió con un asentimiento despreocupado.
Vincent seguía recuperándose de sus heridas y necesitaba atención médica en Yata. Samuel había decidido quedarse en Granville.
Las complicaciones derivadas de las acciones de Holden eran numerosas y necesitaban una solución inmediata y cuidadosa. Su vuelo a Yata duró diez horas.
Cuando el avión aterrizó, Katelyn tenía la abrumadora sensación de que le dolían todos los huesos del cuerpo.
No pudo evitar estirar la espalda. «Los vuelos largos realmente pasan factura».
Vincent sugirió: «Asegúrate de descansar. Mañana nos reuniremos con un nuevo compañero».
¿Un nuevo socio?
El propósito de su visita a Yata era conseguir recursos para los mercados internacionales, pero sus conversaciones con Selina se habían topado con un obstáculo que paralizaba sus progresos.
«¿Hay otra persona como Selina que controle unos recursos tan amplios?». preguntó Katelyn, desconcertada.
«El panorama del control de los recursos siempre está cambiando; nunca queda en manos de una sola persona. Si Selina no puede ver el valor de lo que ofrecemos, entonces es hora de considerar su sustitución», explicó Vincent, con voz firme y fría.
Selina era una mujer sagaz y astuta, y tratar con ella durante tanto tiempo había puesto a prueba la paciencia de Vincent.
Si las cosas con este socio fracasaban, estaba dispuesto a trabajar con otra persona.
Katelyn asintió con entusiasmo. «Parece una estrategia sólida, aunque Selina lleva años siendo una pieza clave en el mercado internacional…».
Yata no era Granville, su base de operaciones, por lo que poner en práctica este plan podría suponer un reto.
Vincent la tranquilizó: «Podemos manejar este asunto con facilidad. Por ahora, concéntrate en descansar».
Katelyn asintió complaciente.
Empezó a masajearse el dolorido cuello cuando de repente sonó su teléfono.
Al mirar el identificador de llamadas, su tez se volvió cenicienta al instante, como si la hubieran sumergido en un abismo helado.
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