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Capítulo 381:
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Una vez más, la llamada procedía de un número extranjero desconocido. De hecho, los dígitos parecían extrañamente desordenados: claramente no era un número de teléfono típico. Katelyn recordó inmediatamente la extraña llamada imposible de localizar que había recibido antes.
El asunto parecía una bomba de relojería, siempre rondando en su mente, listo para estallar cuando menos se lo esperara. Sus instintos le decían que si no se ocupaba pronto de ello, podría tener serios problemas más adelante.
Rápidamente cogió su portátil, abrió el software negro y rojo y empezó a escribir rápidamente en el teclado. El teléfono no dejaba de sonar y supo que solo le quedaban unos instantes para actuar.
Para localizar a la persona que llamaba, tenía que establecer un código complejo antes de contestar, uno que pudiera fijar con precisión la ciudad dentro del sistema global. Y si quería una localización exacta, la llamada debía durar al menos treinta segundos.
En ese momento, el teléfono de Vincent sonó inesperadamente. Frunció un poco el ceño al contestar, y después de oír lo que la persona al otro lado tenía que decir, su expresión se ensombreció. Hizo un gesto para llamar la atención de Katelyn antes de salir, cerrando la puerta tras de sí.
Ahora no podía concentrarse en él. Toda su atención estaba puesta en descubrir quién estaba detrás de esta llamada y demostrar que sus sospechas eran ciertas.
¿Se había involucrado realmente Sophia con la Organización T? ¿Podría ser ella la enviada para acabar con ella?
Una oleada de presión inundó a Katelyn. Sus dedos corrían por el teclado, moviéndose tan rápido que parecían casi invisibles. A cualquiera que la viera, le parecería que pertenecía al grupo de los mejores hackers del mundo, con una velocidad tan increíble. Se esforzó al máximo y, justo cuando la llamada llegaba al vigésimo segundo, terminó el complejo código.
Para la mayoría, semejante hazaña habría sido inimaginable. Era una tarea que parecía casi incomprensible. Con todo preparado, Katelyn pulsó el botón para responder a la llamada.
La voz en la línea sonaba distorsionada y antinatural. Había una mezcla de tonos inquietantes, lo que hacía imposible identificar si era un hombre o una mujer. La interferencia mecánica sugería que algún programa informático había alterado la voz.
«Katelyn, deja Yata en un día, ¡o te arrepentirás!»
¿Fue una amenaza directa o algún tipo de advertencia? Si hubieran actuado como de costumbre, ¿no habrían ido directamente a matar? El mensaje contradictorio dejó a Katelyn confusa.
Agarró el teléfono con fuerza y clavó los ojos en la cuenta atrás que aparecía en la pantalla del portátil. No sabía cuándo volvería a llamar, así que tenía que aprovechar cada segundo para averiguar su identidad.
Su corazón latía con fuerza mientras elegía cuidadosamente sus palabras, sabiendo que tenía que mantener la llamada durante treinta segundos para conseguir lo que necesitaba.
¿»Sophia»? ¿Eres tú? Sé que eres tú», dijo Katelyn. El interlocutor hizo una breve pausa antes de echarse a reír.
«Katelyn, ¿estás tan desesperada que intentas jugar conmigo? Eso no funcionará conmigo. Si sigues en Yata al final del día, no vivirás para ver el mañana». Ya habían pasado quince segundos.
La mente de Katelyn se aceleró. Captó la breve vacilación, fuera un fallo o cualquier otra cosa, y la vio como su oportunidad.
«Podrás engañar a los demás, pero a mí no. Nos conocemos desde hace demasiado tiempo. Somos casi como hermanas. Sophia, ¿cuándo vas a volver? Te he echado de menos más de lo que crees».
Intentó apelar a las emociones de la persona que llamaba, empujando sus palabras con urgencia. Habían pasado veinte segundos. Diez segundos más. Sólo diez más, y ella sería capaz de rastrear la ubicación de la persona que llama.
El interlocutor no dijo nada y, justo en el punto de los veintinueve segundos, la llamada se cortó.
De repente, la posición de la chincheta en el mapa de su portátil que seguía la señal se convirtió en una línea plana.
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