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Capítulo 262:
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La anciana declaró con seguridad: «Me sorprende cómo me trata. Después de todo, llevo más de veinte años buscando a mi nieta».
Su declaración dejó atónitos a los periodistas congregados.
Las fuentes internas habían insinuado que se estaba produciendo un acontecimiento importante en el Grupo Adams, aunque los detalles seguían sin estar claros.
La revelación fue explosiva. A pesar de la larga especulación pública sobre los orígenes de Katelyn, la repentina aparición de estos supuestos parientes estaba destinada a dominar los titulares. Los periodistas, conteniendo a duras penas su excitación, insistieron: «¿Es esto cierto? Entonces, ¿por qué Katelyn no los ha reconocido?».
El hombre respondió rápidamente, con una mezcla de desesperación y frustración en el tono: «Somos demasiado pobres. Ella prefiere su vida con los ricos Baileys. ¿Por qué nos elegiría a nosotros?»
Vincent y Katelyn, que estaban a un lado, lo oyeron todo. La mirada de Katelyn se volvió cada vez más gélida.
Los esfuerzos de Lise por dañar su reputación parecían implacables. Si este episodio se hacía público, Katelyn sería vilipendiada como una desalmada.
Harta, Katelyn se adelantó con decisión y comentó: «¡Vaya escena!».
Su aparición provocó que los periodistas la apuntaran inmediatamente con sus cámaras.
La anciana, llorando de nuevo, suplicó con un temblor en la voz: «Katelyn, por favor, compréndelo. Tenemos que adoptar este enfoque. Estamos desesperados por reconectar contigo».
La mirada de Katelyn se afiló con burla. «Claramente sabes si estás aquí para reconciliarte o para manchar mi nombre».
El hombre replicó bruscamente: «¿De qué estás hablando? Somos tu familia. ¿Cómo podríamos perjudicarte? Acepta una prueba de paternidad y lo entenderás todo. Has estado evitando esta prueba porque tienes miedo de la verdad».
Katelyn respondió con una mirada gélida: «Primero, aporta pruebas sólidas para convencerme. Luego podemos hablar de la prueba de paternidad. Y ayer me acusaste de agredirte, ¿dónde están tus pruebas? Sin pruebas, eso es difamación».
Miró hacia Samuel, su voz helada. «Has oído sus acusaciones, ¿verdad? También tenemos vigilancia en el vestíbulo. Preséntalo al tribunal si es necesario».
Samuel respondió con prontitud: «Conseguiré el mejor abogado y me aseguraré de que afronten las consecuencias entre rejas».
La ansiedad de la anciana aumentó. No se le había ocurrido la amenaza de ir a la cárcel sólo por hacer esas afirmaciones.
El hombre de mediana edad también parecía preocupado, consciente de que su rápido plan para conseguir dinero podría acarrearle graves problemas legales.
Katelyn se dio la vuelta para marcharse, desinteresada en seguir discutiendo, pero los periodistas la siguieron con impaciencia.
«Señorita Bailey, ¿no es su respuesta demasiado dura hacia su familia? ¿Los desprecia porque son más pobres que los Bailey?», preguntó un periodista con desparpajo.
Katelyn miró fríamente a los periodistas con los ojos entrecerrados.
El momento fue demasiado preciso; justo cuando la anciana empezaba a montar una escena, llegaron los periodistas e intensificaron la situación.
Parecía orquestado, y Katelyn sólo podía sospechar que Lise estaba detrás, la mujer experta en manipulación.
En tono mordaz, con mirada burlona, Katelyn desafió: «¿Tomas su palabra como evangelio? Si afirma que el mundo se acaba mañana, ¿le creerías sin más?».
Normalmente de modales suaves, esto fue inusualmente directo para Katelyn.
El reportero, sorprendido, se avergüenza visiblemente, con la cara enrojecida por la confusión.
El desdén de Katelyn por esos periodistas era evidente.
En ese momento, la anciana se levantó del suelo y cargó contra Katelyn.
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