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Capítulo 1688:
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Vincent se quedó quieto por un momento. Captó el significado detrás de sus palabras de inmediato. Algo no cuadraba con Bernie. Ahora Vincent se encontraba luchando con la misma pregunta que ya había inquietado a Katelyn: ¿por qué estaba Bernie aquí cuando Alfy seguía desaparecido?
La sonrisa de Katelyn seguía siendo pícara.
La expresión de Vincent se endureció y respondió con un tono frío y seco. «Lárgate».
Katelyn frunció los labios, fingiendo ofenderse. «Es usted un aguafiestas, señor Adams».
Se enderezó y empezó a buscar una oportunidad para llevarse a la chica, cuando algo le llamó la atención. Había algo peculiar en el rostro de la chica.
Siendo ella misma una maestra del disfraz, Katelyn lo había pasado por alto inicialmente, pero ahora una señal de alarma se encendió en su mente. Agarró a la chica del brazo, manteniendo un tono juguetón. «Me caes bien. Salgamos de aquí». Empezó a guiar a la chica hacia el baño.
Los hombres sentados cerca observaban en silencio, aparentando indiferencia ante la prisa de Katelyn.
A Vincent le pareció su comportamiento un poco extraño. ¿Habría descubierto Katelyn algo importante?
Se quedó donde estaba, dejándola seguir. Sabía que era mejor no interferir y arriesgarse a complicar las cosas. Cuando empezaron a circular susurros entre algunos espectadores, una sola mirada fría y penetrante de Vincent los silenció al instante.
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Dentro del baño, Katelyn tranquilizó a la angustiada chica, que se apoyó en ella involuntariamente, con lágrimas acumulándose en sus ojos por la abrumadora incomodidad. Katelyn realizó un registro rápido y minucioso de la chica, buscando cualquier dispositivo oculto. Al encontrar un dispositivo de escucha, no dijo nada; simplemente pellizcó suavemente la cara de la chica y comenzó a quitarle el disfraz.
Alfy se resistió con fuerza. «Por favor, no…»
Revelar su verdadero aspecto podría acarrear consecuencias devastadoras.
Katelyn esbozó una sonrisa lenta y mesurada. «El dinero ya está pagado. No tienes elección».
Lo que siguió fueron gemidos tensos e involuntarios.
Los dedos de Katelyn se apretaron contra la mejilla de Alfy y el disfraz se desprendió.
La revelación la golpeó como un puñetazo. El rostro ante ella era, sin lugar a dudas, el de Alfy. La había estado buscando sin descanso, y ahí estaba Alfy, rescatada casi por casualidad. La emoción embargó a Katelyn y sus ojos se llenaron de lágrimas.
El miedo consumía a Alfy. Su incomodidad se reflejaba en cada rasgo de su rostro. Su disfraz se había desmoronado. Sus pensamientos se arremolinaban fuera de su control y no había nada que pudiera hacer para detenerlos.
Katelyn localizó el dispositivo de escucha que llevaba Alfy. Alejándose lo suficiente de su alcance, tiró de la cadena del inodoro, dejando que el ruido enmascarara sus palabras. Se inclinó hacia ella y le susurró una sola palabra al oído a Alfy.
«Alfy».
Una sola palabra. Los músculos de Alfy se tensaron. La voz le resultaba inconfundiblemente familiar, resonando en algún lugar profundo y seguro. Era Katelyn.
El miedo en los ojos de Alfy dio paso a la conmoción. Se volvió hacia Katelyn, con palabras formándose en sus labios, solo para ser silenciada por el dedo de Katelyn levantado en una silenciosa advertencia.
Aunque los pensamientos de Alfy se deshilachaban y la droga tiraba de su cuerpo, un hilo de lucidez se mantuvo. Asintió levemente con la cabeza.
La alegría la invadió, sin límites. Una oleada de alivio la embargó al darse cuenta de que Katelyn no solo estaba viva, sino que estaba allí, allí para rescatarla.
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