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Capítulo 1600:
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Anteriormente, había rumores de que Katelyn podría seguir viva. Pero ahora, con la declaración de Vincent, Ryanna estaba aún más convencida de que Katelyn había muerto. Solo un hombre desesperadamente enamorado rechazaría la verdad de forma tan rotunda.
Ryanna tomó una decisión instantánea: tendría que idear otra estrategia para atraer a Vincent a su lado, para que se convirtiera plenamente en uno de los suyos. De ese modo, la posición de su familia sería inquebrantable. Al fin y al cabo, las armas que controlaba Vincent eran demasiado valiosas. La familia real Yata las necesitaba.
Mientras albergaba esos pensamientos, mantuvo la cabeza gacha y los ojos brillantes. Cuando volvió a levantar la vista, se había recompuesto, aunque una tristeza persistente suavizaba sus rasgos.
—Katelyn era una persona tan buena —susurró—. Siempre vivirá.
Ryanna no contradijo las palabras de Vincent. Vincent la observó, agudizando sus instintos. Ryanna estaba calculando. Eso era obvio. Pero ahora lo veía aún más claro: no se debía subestimar a esta mujer. Incluso cuando la ambición ardía en su interior, era capaz de controlarla. Una persona así… una vez que tuviera todo el poder, sería peligrosa.
Vincent no respondió a sus palabras sentimentales. En cambio, entrecerró ligeramente los ojos. —Di lo que tengas que decir. No tengo tiempo ni ganas de charlar. —Su irritación era evidente.
Ryanna sabía que no podía insistir más. Si lo hacía, la conversación se rompería por completo. Lo miró a los ojos, se recompuso y dijo: —Solo quería ver cómo estabas… y cómo estaba Katelyn. Pero ahora…
Hizo una pausa y luego dejó escapar un suave suspiro. —No importa.
Sabía cuándo avanzar y cuándo retroceder. Pero Vincent no mordió el anzuelo, solo la observó en silencio.
Una leve sonrisa se dibujó en sus labios. —Cuídese, señor Adams. Me voy ya. Si necesita algo, no dude en pedírmelo. Mi padre me ha asegurado que cualquier petición suya será atendida.
Sin duda, esta declaración era una oferta de paz hacia Vincent. Vincent entendía perfectamente sus intenciones y las del rey. Pero, por ahora, no tenía ningún interés en involucrarse con la familia real. Al fin y al cabo, aún quedaban ciertos asuntos por investigar.
Vincent miró a Ryanna y asintió levemente con la cabeza. —Debo agradecerle la generosidad de Su Majestad. —Sus palabras quedaron suspendidas en el aire, sin más comentarios.
Ryanna, comprendiendo el subtexto de su brevedad, sabía que Vincent no era alguien fácil de persuadir. Ella le había tendido una rama de olivo, pero su respuesta había sido ambigua, una clara señal de su renuencia a aliarse con la familia real de Yata en ese momento.
Sabiendo que no podía coaccionarlo, Ryanna cedió con una nota filosófica. —Muy bien. Cuídese. Recuerde, la salud es nuestro tesoro más preciado.
A esto, Vincent solo respondió con un suave asentimiento.
Sin decir nada más, Ryanna se dio la vuelta y abandonó la villa.
La mirada de Vincent se posó en su silueta mientras se alejaba, con los ojos ensombrecidos por una fría determinación. Era muy consciente del juego al que estaban jugando los miembros de la realeza Yata.
Pero sería prudente que mantuvieran las distancias por ahora, o pronto aprenderían el amargo sabor del arrepentimiento.
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