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Capítulo 1595:
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El mayordomo no dijo nada más. Entendía la devoción de Alfy; su dolor no necesitaba palabras. Su mano se movió en círculos lentos y tranquilizadores por la espalda de ella, tal y como había hecho cuando era pequeña.
Había visto crecer a Alfy y sabía que había estado muy sola todo este tiempo. Aunque Bernie la colmaba de amor, la ausencia de sus padres había creado un vacío en su vida.
Conocer a Katelyn había sido un gran alivio. Pero luego todo se torció. Parecía que la vida estaba siendo cruel.
En ese momento, desde el balcón de otra habitación, Bernie observaba la escena que se desarrollaba abajo. Exhaló lentamente.
Parecía que Katelyn se había ido para siempre. Si estuviera viva, nunca habría dejado a Alfy en la oscuridad, no cuando la había querido tanto.
Cuando los sollozos de Alfy finalmente se calmaron, el mayordomo la acompañó de vuelta a su habitación. Se acurrucó bajo las mantas, con la mente vagando por todos los recuerdos de Katelyn. Cuanto más recordaba, más insoportable se volvía el dolor.
Entonces, tomó una decisión: tenía que vengar a Katelyn. Tenía pocas pistas, pero una cosa era segura: la muerte de Katelyn estaba relacionada con el tráfico de drogas en los barrios bajos.
La Organización T: Katelyn llevaba tiempo investigándola. Lo que había descubierto le había costado la vida…
Alfy apenas podía respirar al pensarlo. Se quitó las mantas, cogió un pañuelo y se secó la cara. Respiró hondo y se dirigió a su estudio.
Si la Organización T le había arrebatado a Katelyn, ella acabaría con ellos. La inocencia de su mirada había desaparecido. Solo quedaba la determinación.
Alfy encendió el ordenador y sus dedos volaron sobre el teclado. Los encontraría. Les haría pagar. ¡Vengaría a Katelyn!
Durante días, Katelyn también había estado reuniendo pruebas sobre la Organización T, sin perder de vista a Alfy. La conocía demasiado bien. Su «muerte» sería un duro golpe.
El remordimiento la carcomía, pero no había otra salida. Si quería que su plan tuviera éxito, la verdad debía permanecer oculta.
Katelyn estaba angustiada, pero no tenía otra opción. Exhaló, apartando su culpa. Había asuntos más importantes que atender: la familia Ruiz, la mujer del palacio… Había demasiado que desentrañar, demasiado en juego.
Mientras tanto, Vincent no había estado ocioso. Aprovechó la situación y lanzó una serie de ataques contra Brendan.
Brendan había anticipado la represalia, pero los movimientos de Vincent fueron más rápidos de lo esperado.
Ese día, Brendan hizo que sus hombres supervisaran las operaciones en Yata, ocultando sus negocios. Su imperio allí le había hecho rico, y si Vincent atacaba ahora, el daño sería grave. Se quedó dentro de su casino, observando a sus hombres hacer cuentas, incluso retirando todo el poder de otras industrias.
Un hombre se adelantó y le ofreció un libro de contabilidad. —Sr. Adams, aquí están todas las cuentas para que las revise.
Brendan hojeó las páginas y una leve sonrisa se dibujó en sus labios. —Bien. Empieza a sacar a nuestra gente.
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