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Capítulo 1594:
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Cuanto más lo pensaba Alfy, más firme se volvía su determinación. Respiró hondo otra vez. ¡Tenía que ver a Katelyn!
Alfy tenía una expresión decidida mientras se estiraba para agarrarse al tronco del árbol. No sabía nada de artes marciales, así que algo tan sencillo como trepar a un árbol era un gran reto para ella. Su corazón latía con fuerza por el miedo mientras extendía la mano y se agarraba al árbol. Sentía como si el pecho fuera a estallar en cualquier momento. Alfy reunió todo su valor y se impulsó para salir del alféizar de la ventana.
Sin embargo, había un problema. El árbol era bastante frágil y no podía soportar el peso de Alfy. ¡Se oyó un fuerte crujido! Entonces, el tronco se rompió. Alfy cayó directamente al suelo.
Se quedó sin aliento y sintió como si le hubieran sacudido las entrañas. Por suerte, Alfy había conseguido frenar la caída agarrándose a una rama. La suave hierba del suelo amortiguó el golpe. Le dolía todo, pero al menos no estaba herida.
En el momento en que empezó a caer, Alfy se tapó la boca para no hacer ruido y evitar gritar.
A pesar de todos sus esfuerzos, ya era demasiado tarde.
—Señorita Norris, ¿qué está haciendo? —El mayordomo se acercó y se inclinó respetuosamente.
Alfy no sabía qué decir. ¿Cómo podía tener tan mala suerte? Incluso una pequeña caída había llamado la atención del mayordomo.
Se esforzó por sentarse y miró al mayordomo con los ojos llenos de lágrimas. —Por favor, déjeme salir. Solo voy a despedirme de Katelyn y volveré enseguida. Prometo que…».
«Estarás bien». El dolor había remitido y Alfy se levantó lentamente. Se acercó al mayordomo con expresión lastimera.
El mayordomo había visto crecer a Alfy y siempre la había cuidado. Normalmente, consentía todos sus caprichos, pero esto era diferente. El mayordomo negó con la cabeza. «Lo siento, pero no puedo».
Alfy, que había estado juntando las manos en señal de plegaria, las dejó caer al instante, con el rostro desencajado. —Por favor, ten piedad de mí.
El mayordomo miró a Alfy y volvió a negar con la cabeza, suspirando. —Señorita Norris, por favor, no me lo ponga difícil. ¡Su tío solo intenta protegerla!
Era una época de disturbios. Fuera de su casa, reinaba el caos. Un paso en falso y podría verse envuelta en él. Por mucho que el mayordomo la adorara, no arriesgaría su vida.
Alfy se sintió hundida. Se dio cuenta de que era imposible marcharse hoy. Bajó la cabeza y fijó la mirada en el suelo. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas, una tras otra, silenciosas pero implacables.
Verla así era insoportable. El mayordomo sintió una punzada de compasión, pero se obligó a mantenerse firme. Por su seguridad, no tenía otra opción.
Se acercó a ella con un suspiro silencioso, con voz suave pero firme. —Señorita Norris, si la señorita Bailey aún estuviera aquí, no querría esto. Querría que estuvieras a salvo. Mientras la lleves en tu corazón, nunca se irá del todo.
Era un hombre de más de cincuenta años y había visto muchas pérdidas. Pero perder a alguien tan talentosa y capaz como Katelyn a una edad tan temprana le dolía profundamente.
Los sollozos de Alfy se hicieron más profundos. Se derrumbó contra él, llorando sin control, con el cuerpo temblando mientras la tristeza la invadía. En ese momento, sus sentimientos se desbordaron sin previo aviso. La realidad nunca había sido tan clara: Katelyn se había ido.
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