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Capítulo 1587:
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Katelyn observó cómo se alejaba el coche antes de decir: «Se han ido».
Vincent no respondió. En su lugar, se volvió hacia sus subordinados y ordenó: «Preparaos para los ritos finales».
Solo después de una cremación auténtica, la Organización T cesaría en su persecución de Katelyn. Eso garantizaría su seguridad.
Samuel asintió con la cabeza, aceptando la orden.
Pronto, todo se convirtió en cenizas bajo el intenso calor del horno ardiente.
En ese momento, la Organización T recibió la confirmación oficial: Katelyn estaba muerta. Su cuerpo había sido completamente incinerado. Vincent, por su parte, se ahogaba en el dolor. El peso de la pena le había vaciado el rostro, dejándolo demacrado y con los ojos hundidos. El encanto y la vitalidad que antes lo definían se habían desvanecido.
T miró el mensaje con expresión impenetrable antes de enviar una simple orden.
«Ya puedes volver».
Sentada en el patio, Sophia miró fijamente el mensaje de su teléfono. Había venido para ganarse la confianza de Katelyn y, en última instancia, robar información. ¿Quién podría haber predicho que, antes de que pudiera reunir ningún secreto, Katelyn allanaría inadvertidamente el camino para su propia caída?
Aunque Sophia no había presenciado la muerte de Katelyn, el estado de aflicción de Vincent y la confirmación de T no dejaban lugar a dudas. Katelyn había muerto.
Y, sin embargo, Sophia sentía un extraño vacío en el pecho. Su mente se remontó a los años que había pasado estudiando con su mentor. Katelyn se había dedicado a la medicina, mientras que ella se había especializado en toxicología. Dos campos distintos, pero íntimamente relacionados.
Sophia no era tan hábil en medicina, mientras que Katelyn también había dominado el arte de las toxinas. En aquella época, Katelyn era alabada con frecuencia por su profesor por su brillantez, lo que despertaba los celos de Sophia. Durante años, esos celos habían estado latentes. Por eso, Sophia había albergado durante mucho tiempo un odio profundo hacia Katelyn.
La asociación de Sophia con la Organización T se debía en parte al veneno que la controlaba, pero más que eso, era una necesidad desesperada de competir. De demostrar que era mejor que Katelyn. Pero ahora, Katelyn había desaparecido y Sophia no tenía nada que demostrar.
Una sonrisa burlona se dibujó en los labios de Sophia, y sus ojos brillaron con frialdad. Murmuró con voz burlona: «Katelyn… Nunca pensé que tu vida acabaría tan pronto».
Sin embargo, en lo más profundo de su mirada, bajo las capas de desprecio, se escondía un ligero rastro de algo más: amargura.
En ese momento, Ashlyn bajó las escaleras. Tenía los ojos hinchados y enrojecidos por el llanto, y el desgaste de los últimos días se reflejaba en su rostro.
En cuanto salió, la mirada de Ashlyn se posó en Sophia. Su expresión se ensombreció y se dio la vuelta bruscamente, dirigiéndose hacia el edificio principal.
Sin embargo, Sophia ya se había fijado en Ashlyn. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios mientras hablaba. —Señorita Marshall, ¿por qué me evita? ¿Me tiene miedo?
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