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Capítulo 1415:
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Siguiendo la mirada de Vincent, se dio cuenta de que… los movimientos de Bernie delataban una precisión militar, demasiado calculada para un hombre de negocios corriente. Katelyn frunció el ceño, pensativa. ¿Quizás simplemente seguía un riguroso régimen de entrenamiento físico?
Estas sospechas se agitaron en la mente de Katelyn mientras llegaban al segundo piso y se detenían ante la habitación de Alfy.
La mansión rezumaba lujo antiguo y su decoración denotaba un gusto refinado. Los pasillos estaban llenos de muebles antiguos, cada uno de ellos cuidadosamente seleccionado, que susurraban historias de privilegio y poder.
Cuando Bernie abrió la puerta, Alfy levantó el rostro bañado en lágrimas.
Tenía los ojos hinchados y enrojecidos.
Aquella imagen lastimera conmovió el corazón de Katelyn.
En cuanto Alfy vio la figura detrás de Bernie, su voz se quebró por la emoción. —Katelyn… —Sin dudarlo un instante, se lanzó a los brazos de Katelyn, que la acogió con cariño. Su actitud delataba que había sufrido una profunda injusticia.
—No pasa nada. Ya estoy aquí —murmuró Katelyn con suavidad, abrazándola y acariciándole la espalda para calmarla.
Alfy respondió refugiándose aún más en el abrazo.
«Si mi severidad te molesta, solo tienes que decírmelo», suspiró Bernie, con voz cargada de resignación. «No hay necesidad de angustiarte así». Habiendo criado a Alfy desde pequeña, verla en ese estado le partía el corazón y le llenaba de frustración. Pero, sobre todo, se sentía completamente impotente.
Alfy se secó las lágrimas y negó con la cabeza a Bernie. «No, tío Bernie, tú no tienes la culpa. Hay algo más que me preocupa. No tiene nada que ver contigo».
Sus palabras salían entre sollozos y sollozos, creando una escena conmovedora y ligeramente cómica. Para empeorar las cosas, el llanto le había provocado moqueo. Mientras sollozaba, el aire que salía de su pecho tomaba el camino más inoportuno: salía directamente por la nariz en lugar de por la boca. Entonces, una delicada burbuja de mucosidad apareció en la punta de su nariz.
Alfy abrió mucho los ojos, avergonzada, y se olvidó momentáneamente de las lágrimas.
Katelyn frunció los labios para reprimir la risa. —Toma, límpiate —le dijo, sacando un pañuelo del bolsillo y ofreciéndoselo a Alfy. Su expresión denotaba una mezcla de exasperación y cariño. Solo Alfy era capaz de convertir un momento de auténtica angustia en algo absurdamente divertido.
Bernie se movió incómodo, claramente sin saber cómo manejar este giro tan incómodo de los acontecimientos.
Alfy arrebató apresuradamente el pañuelo de Katelyn, y su angustia anterior se evaporó en una nube de vergüenza. Volviéndose hacia Bernie, bajó la cabeza con su timidez característica. —Tío Bernie, ¿puedo quedarme con Katelyn unos días?
Bernie la miró con la resignada aceptación de un tutor que lleva mucho tiempo sufriendo. —Las dos sabemos que si me niego, volverás a echarte a llorar. Ve, pero recuerda mis palabras: volverás para terminar esos exámenes de certificación. —Su expresión se suavizó mientras la observaba, incapaz de negarle otra petición.
El humor de Alfy cambió al instante y su rostro se iluminó como el sol después de la lluvia. —¡Por supuesto! Te prometo que me pondré con los exámenes en cuanto vuelva.
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