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Capítulo 1353:
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Katelyn se estabilizó, agarrándose al borde de la mesa para mantener el equilibrio. Volviéndose hacia Ryanna, dijo
—Princesa Ryanna, acabo de recordar algo urgente. Tengo que marcharme. Déjeme compensárselo con una cena pronto.
Ryanna entrecerró los ojos al percibir la ligera inestabilidad en los movimientos de Katelyn. Una extraña sensación se apoderó de ella: algo no estaba bien. Pero como Katelyn ya se había excusado, Ryanna no hizo ningún esfuerzo por detenerla.
Fiona, que observaba en silencio, decidió no llamar la atención. Actuar precipitadamente con tantos espectadores solo complicaría las cosas.
Katelyn hizo caso omiso de su creciente incomodidad y se obligó a salir.
La insatisfacción de Annie era evidente cuando dijo:
—No tiene ningún respeto. Ni siquiera la has despedido y ya se ha ido. Qué arrogante y descortés.
Ryanna no dijo nada; se limitó a observar cómo Fiona evitaba llamar la atención de la multitud y se deslizaba silenciosamente hacia la puerta.
La comisura de los labios de Ryanna se curvó en una sonrisa cómplice. Aquella noche prometía traer algún drama inesperado.
La extensa finca Robles estaba inquietantemente silenciosa, y el camino hacia el aparcamiento se extendía bajo el dosel de densos árboles centenarios. La quietud hacía que el paseo fuera casi inquietante.
Cuando Katelyn llegó al camino sombreado, una mano la agarró de repente por el brazo, con firmeza e implacabilidad.
Reaccionando instintivamente, el cuerpo de Katelyn se movió con precisión. Su mano agarró el cuello del agresor y su tono gélido cortó el aire.
—¡Identifíquese!
La persona no había previsto su rápida reacción ni sus habilidades para la lucha. Un destello de miedo cruzó su rostro, pero su confianza volvió cuando notó que el agarre de Katelyn se debilitaba.
La emoción iluminó sus rasgos mientras se acercaba.
Cuando la figura se hizo visible, Katelyn se dio cuenta de que era Marco.
Con una sonrisa de satisfacción, Marco colocó su mano sobre la de ella, deslizando los dedos por su piel.
—Señorita Bailey, qué coincidencia. ¿Qué tal si hablamos un poco?
Su tono sugerente no dejaba lugar a dudas: no se trataba solo de hablar. Una ola de furia surgió dentro de Katelyn. Darse cuenta de que le habían drogado el vino solo agudizó su percepción de las intenciones de él.
Sin dudarlo, apretó con más fuerza el cuello de él y su voz se volvió fría y amenazante.
—¡Aléjese de mí o le juro que no saldrá vivo de aquí!
Su determinación irradiaba una certeza letal. Todos los músculos de su cuerpo parecían preparados para actuar si él se atrevía a ponerla a prueba.
Al sentir la creciente presión en su cuello, Marco se quedó paralizado. Se le cortó la respiración y el miedo se reflejó en su rostro, aunque lo disimuló con una sonrisa astuta.
—No hay necesidad de alterarse. Solo quiero tener una conversación.
Su tono despreocupado delataba la siniestra paciencia de alguien que espera tener la ventaja.
Aunque el mareo nublaba su cabeza, Katelyn no perdió la concentración. Su mente seguía lo suficientemente lúcida como para descifrar las viles intenciones de Marco.
Sin perder un instante, le propinó una rápida patada que lo hizo trastabillar hacia atrás, y luego se dirigió hacia la carretera sin mirar atrás.
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