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Capítulo 1259:
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No había duda: no habían regresado después de marcharse, y la corona seguía en la vitrina cuando se fueron.
Sin embargo, la confusión seguía reinando entre la multitud. Si Katelyn no había cogido la corona, ¿quién lo había hecho?
El rostro de Hilary se ensombreció por segundos. Si Katelyn era absuelta de toda sospecha, él tendría que hacerse responsable de una indemnización de miles de millones, una suma astronómica que podría arruinar sus negocios. El valor actual de la corona se estimaba en la asombrosa cifra de setenta mil millones. Una suma tan enorme devastaría a cualquier hombre de negocios. Para Hilary, pagar esa cantidad significaría detener todas sus operaciones en Yata. Sin el capital circulante necesario, sería un golpe fatal para sus empresas.
Ryanna, que estaba cerca, miró a Hilary y su expresión se tensó. Al ver su actitud sombría, un pensamiento inquietante se coló en su mente. Aunque su tío guardara rencor a Katelyn, también la culparía a ella.
Los murmullos de los espectadores se hicieron más fuertes.
—¿De verdad no pudo haber sido Katelyn? Las imágenes muestran que la corona estaba allí cuando entró y cuando salió —comentó alguien con incredulidad.
«Pero si no fue ella, ¿quién? Esto es muy extraño», añadió otro, frunciendo el ceño con perplejidad.
Mientras tanto, la expresión de Fiona se endureció. El hecho de que Katelyn hubiera restablecido la electricidad en la planta tras el apagón la había pillado desprevenida. Había subestimado a su oponente.
Sus labios se fruncieron en una línea afilada mientras miraba a Katelyn.
—Esto solo demuestra que ella no cogió la corona —dijo Fiona con frialdad—.
Pero dijo que encontraría al ladrón. Si no lo hace, tendrá que pagar miles de millones en compensación.
El peso de las palabras de Fiona flotaba en el aire. Ya no importaba si Katelyn había robado la corona o no, lo que importaba ahora era encontrar al verdadero culpable.
Hilary miró brevemente a Fiona. Aunque no aprobaba su tono, sus palabras le tranquilizaron un poco. Miles de millones no era una suma que pudiera perder fácilmente.
Katelyn se volvió hacia Fiona, con la mirada aguda e inflexible, como si quisiera atravesar la determinación de Fiona.
Un escalofrío recorrió la espalda de Fiona. Sin darse cuenta, dio un paso atrás, buscando refugio detrás de Ryanna.
Ryanna frunció ligeramente el ceño, pero mantuvo la compostura. Su expresión permaneció tranquila mientras se dirigía a Katelyn, con tono preocupado: —Señorita Bailey, ¿puede identificar quién ha cogido mi corona?
Katelyn estudió a Ryanna con atención. A pesar de las circunstancias, Ryanna había mantenido una compostura notable. ¿Era el aplomo de una princesa o había algo más siniestro detrás de su aparente calma? Su curiosidad por Ryanna se intensificó.
—Sí —respondió Katelyn con un gesto de asentimiento.
Los ojos de Ryanna se iluminaron con alivio.
—¿De verdad? Por favor, dígame quién fue. Necesito que me la devuelva inmediatamente —dijo, acercándose a Katelyn.
Las imágenes de las cámaras de seguridad continuaron reproduciéndose. La sala se sumió en un silencio tenso mientras todos esperaban que el vídeo revelara la verdad.
Katelyn proyectó las imágenes en una pantalla más grande, asegurándose de que nadie se perdiera ni un solo detalle.
Todos en la sala contuvieron la respiración, y la expectación aumentaba con cada segundo que pasaba.
Hilary se inclinó hacia delante, con la mirada fija en la pantalla. Fuera quien fuera el ladrón, se enfrentaría a toda su ira.
Entonces, un repentino crujido resonó en el vídeo. El ambiente se volvió aún más tenso. Por fin se iba a revelar la verdad.
Sin embargo, la nítida imagen de la pantalla parpadeó una vez antes de disolverse en un caótico borrón en blanco y negro. En cuestión de segundos, la pantalla se sumió en la oscuridad total.
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