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Capítulo 1188:
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Neil tenía un tubo de oxígeno en la nariz. Cuando se percató de la presencia de Katelyn, una leve sonrisa se dibujó en su pálido rostro. Intentó incorporarse, pero no lo consiguió, ya que su cuerpo estaba demasiado débil para sostenerlo. Tras varios intentos, se rindió y se hundió de nuevo en las almohadas, con una sonrisa agridulce.
—Katelyn, has venido. —Sus ojos brillaron levemente, llenos de una tranquila alegría al verla.
Katelyn acercó una silla a la cama. Lo miró con frialdad mientras lo observaba.
—El Grupo Wheeler está siendo atacado por un consorcio misterioso. ¿Has ofendido a alguien?
Ella acababa de hacerse cargo de la empresa y no había tenido tiempo de hacerse enemigos. No había asistido a ningún evento corporativo importante ni había emprendido proyectos arriesgados, simplemente había continuado con las operaciones existentes. Las posibilidades de que hubiera ofendido a alguien eran escasas.
El rostro de Neil se transformó en uno de confusión.
—¿La empresa? ¿Atacada por un consorcio? ¿De qué estás hablando? —Su respiración se aceleró y frunció profundamente el ceño.
Katelyn no podía quitarse de la cabeza la sensación de que, sin oxígeno, podría colapsar por completo.
De repente, Neil extendió la mano y la agarró, con expresión desesperada.
—Katelyn, tienes que proteger al Grupo Wheeler. Es mi único deseo. —La tos de Neil empeoró, su rostro se puso rojo intenso y se hinchó por el esfuerzo.
Katelyn frunció aún más el ceño mientras observaba a Neil luchar. No podía entender por qué su salud había empeorado tan drásticamente. Su voz se mantuvo tranquila, a pesar de las preguntas que se arremolinaban en su mente.
—Eso no es asunto tuyo. El Grupo Wheeler ahora me pertenece a mí, no a ti.
El cuerpo de Neil se puso rígido y la poca energía que le quedaba pareció agotarse. Se desplomó sobre la cama del hospital, con el rostro marcado por la resignación.
—Lo entiendo. Haz lo que quieras. No volveré a interferir. Pero el momento pasó y otro violento ataque de tos se apoderó de él, con el pecho agitado como si fuera a expulsar un pulmón.
Katelyn no se entretuvo. Dio media vuelta y salió de la habitación, dirigiéndose directamente al despacho del médico que atendía a Neil.
El doctor Brayan Wallace se levantó en cuanto ella entró y la saludó cordialmente.
—Por Hades, ¿qué te trae por aquí?
En este hospital, Katelyn era respetada como una brillante cirujana. Aunque su identidad se mantenía en secreto, quienes habían trabajado con ella durante las operaciones la reconocían fácilmente. Habían aprendido mucho de ella durante esas operaciones y la tenían en gran estima.
Sin preámbulos, Katelyn fue directa al grano.
—Necesito ver el historial médico de Neil. —Sentía que algo no iba bien.
Al oír el nombre de Neil, Brayan dudó y luego suspiró profundamente.
—El Sr. Wheeler nos pidió expresamente que no se lo mostráramos. —La miró a los ojos, conflictivo, pero continuó—. Si insiste, se lo mostraré. Pero debe estar preparada.
Brayan conocía su pasado con Neil y le preocupaba cómo reaccionaría ella. A pesar de su complicado divorcio, dudaba que ella fuera indiferente al estado actual de Neil, dado lo cerca que estaba de la muerte. Al fin y al cabo, Neil era alguien a quien ella había amado.
La expresión de Katelyn no vaciló.
—Está bien. Muéstremelas.
Su curiosidad se despertó. ¿Por qué Neil la había mantenido deliberadamente en la ignorancia? ¿Qué estaba ocultando?
Brayan le entregó el expediente y Katelyn lo hojeó rápidamente. Los resultados de las pruebas y los datos eran innegables: Neil se estaba muriendo. Sus manos se congelaron momentáneamente mientras procesaba la información.
¿Cómo podía ser? La última vez que lo había examinado, no mostraba signos de problemas de salud graves. Pero ahora, su sangre estaba plagada de múltiples virus, un ataque que ningún cuerpo humano podría soportar. Iba a morir. ¿Podía su sangre haberse deteriorado tan drásticamente en solo unos días?
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