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Capítulo 1172:
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Sorprendidas, Lise e Sharon se miraron desconcertadas. Ambas se preguntaban quién podría visitarlas en un momento así.
Apoyándose la una en la otra, Lise y Sharon siguieron a la guardia de prisiones y, tras un angustioso susto, salieron a la luz de la libertad.
Avanzaban por el pasillo con lentitud dolorosa, tardando diez minutos en recorrer lo que debería haber sido un trayecto corto. Sin embargo, la guardia, mostrando una paciencia inesperada, les permitió avanzar a su propio ritmo cauteloso.
Al entrar en la sala de visitas, Lise se detuvo en seco y abrió mucho los ojos ante la escena inesperada. Sharon también estaba visiblemente conmocionada. Susurrando casi inaudiblemente, la voz de Lise temblaba cuando dijo: «Neil». Las lágrimas rompieron su compostura y sollozó: «Estaba segura de que me habías abandonado».
Sharon, sonriendo a pesar de la tensión, la regañó con suavidad: «¡Qué tontería! La devoción de Neil es demasiado profunda; él no te habría abandonado». Mirando a Neil, le preguntó con una sonrisa: «¿Verdad, señor Wheeler?».
Pero Neil solo tenía ojos para Lise, y su tono era firme y tranquilizador.
«Prepárate, nos vamos».
La alegría inundó el corazón de Lise. Había pensado que Neil era solo otro visitante, pero había venido a liberarla. Abrumada por la emoción, se arrojó a sus brazos y le dijo: «Sabía que no me abandonarías. Ha sido insoportable estar sin ti».
Momentos antes, se había resignado a un destino sombrío entre aquellas paredes. La desesperación se había apoderado de su corazón. Pero la llegada de Neil anunciaba su escape de aquella pesadilla. ¡Su ánimo se disparó!
Sin embargo, la expresión de Neil se endureció y la urgencia se apoderó de su voz.
—Apártate. Tienes que firmar unos documentos. No tardes o me iré sin ti.
Lise se tensó de repente. No podía quitarse de encima la inquietud que le provocaba el comportamiento de Neil. Sin embargo, el tiempo no era un lujo que pudiera permitirse. Su prioridad estaba clara: escapar de los confines de aquel lugar espantoso.
Soltó a Neil y asintió con la cabeza varias veces.
—Está bien, voy a firmar los papeles.
Con un hábil giro de su silla de ruedas, Neil comenzó a salir.
La alegría borró momentáneamente el dolor del rostro de Sharon, que sonrió a Lise.
—Ven, querida, ocupémonos del papeleo y salgamos de este horrible lugar.
Pero su avance se detuvo casi de inmediato cuando la guardia se interpuso entre Sharon y Lise, con voz fría.
—No irán a ninguna parte. Solo su hija será liberada.
Sharon se detuvo en seco, con el rostro desencajado por la sorpresa.
—¿Perdón? ¿Qué acaba de decir?
Si Neil estaba allí por su hija, ¡no la abandonaría! ¡Dejarla allí era impensable!
Sin embargo, la guardia se mantuvo impasible, con una postura que no dejaba lugar a negociaciones.
En ese momento, Sharon se dio cuenta de la cruda realidad: Neil estaba allí solo por Lise. El miedo la invadió y apretó con fuerza la mano de Lise, con voz urgente.
«Lise, no me vas a dejar aquí, ¿verdad?».
La expresión de Lise era angustiada. Apretó los labios y susurró para tranquilizarla: «En cuanto sea libre, buscaré ayuda para ti. Te lo prometo, te sacaré de aquí».
Ahora estaba claro. Neil solo iba a rescatarla a ella. Estaba claro que no tenía intención de rescatar a Sharon. Entonces, ¿a quién podría recurrir Lise para ayudar a su madre? Sharon sintió una punzada de tristeza en el corazón, pero se esforzó por esbozar una sonrisa de alivio.
—Cuando salgas, cuídate. Y recuerda, ¡busca a alguien que pueda sacarme de aquí!».
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