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Capítulo 1164:
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Los ojos de Sophia recorrieron a Katelyn con desdén.
—Justo como pensaba, realmente no tienes vergüenza.
La droga había dejado la piel de Katelyn ardiendo, irradiando un encanto casi irresistible. Si Sophia hubiera sido un hombre, podría haberse sentido tentada de dejarle cicatrices a Katelyn.
Sophia dio otro paso audaz hacia adelante, agarrándola con firmeza por el brazo, decidida a arrastrarla fuera sin resistencia.
Pero entonces, la expresión confusa de Katelyn se volvió feroz y calculadora. Un destello de acero brilló en su mano: un cuchillo, apuntando con precisión mortal a la garganta de Sophia.
El instinto de Sophia reaccionó justo a tiempo. Se echó hacia atrás, y la hoja rozó peligrosamente su garganta, deteniéndose a pocos centímetros de ella.
Katelyn, sin desanimarse por su intento fallido, cambió de objetivo y se abalanzó de nuevo, esta vez apuntando al abdomen de Sophia.
Sin embargo, durante su acalorado intercambio, Katelyn había estado cambiando sutilmente de posición. Cada movimiento era deliberado, calculado para ganar ventaja. Sophia se encontró acorralada contra la mesita de noche, sin espacio para esquivar el ataque que se avecinaba.
El cuchillo le atravesó el costado y un grito agonizante escapó de sus labios cuando el dolor recorrió su cuerpo. Agarrándose la empuñadura con manos temblorosas, la sacó con todas sus fuerzas. La sangre brotó de su abdomen. Durante un breve instante, Katelyn se quedó paralizada, sus movimientos se ralentizaron mientras la droga volvía a correr por sus venas. Sophia, impulsada por la rabia y la desesperación, aprovechó el lapso para asestar un brutal puñetazo en el hombro de Katelyn que la hizo trastabillar hacia atrás.
Apretando los dientes contra el dolor lacerante en el abdomen, Sophia se abalanzó hacia delante, concentrada en arrebatarle el arma a Katelyn.
Pero Katelyn no iba a rendirse sin luchar. A través de la niebla de mareo y malestar, apretó el cuchillo con más fuerza, con voz baja pero mortal.
«Si eso significa que ambas acabaremos aquí hoy, que así sea». Ya no había vuelta atrás para Katelyn. Estaba dispuesta a sacrificarlo todo.
La sangre seguía brotando de la herida de Sophia, cuyos ojos ardían de furia.
—¡Katelyn, te mataré sin dudarlo!
Su plan original era sencillo: reducir a Katelyn a un cascarón humillado y destrozado. Pero ahora ese plan ya no era suficiente. Katelyn había demostrado ser demasiado peligrosa y desafiante como para dejarla con vida. Tenía que eliminarla, aquí y ahora, antes de que pudiera causar más problemas.
Los ojos de Sophia brillaron con fría determinación. Arrebató la lámpara de la mesita de noche, arrancó la pantalla y agarró la base con ambas manos, lista para golpear.
Había creído que drogando a Katelyn tendría el control total de la situación. Pero ahora, la realidad era innegable: Katelyn era un peligro y no podía permitirse dejarla con vida.
Una risa amarga escapó de los labios de Katelyn, con los ojos brillando con desafío.
—Ya veremos quién acaba muerta hoy.
El aire de la habitación crepitó cuando ambas mujeres, armadas y desesperadas, se abalanzaron una sobre la otra con brutal fuerza.
En ese momento, el inconfundible sonido de las cerraduras de la suite cortó el caos.
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